lunes, 17 de septiembre de 2012

El vestido de la niña

Descansando se encontraba bajo los barrotes que le impedían salir de aquel sucio lugar, no era para nada el estilo de su delicada higiene pero tenía que aceptar las consecuencias aunque para ella nunca debió existir alguna. Había estado encerrada allí por más de una semana y constantemente era visitada por los hombres de mismos trajes para asediarla de preguntas, los hechos eran confusos de alguna forma tenían que hacerla hablar. Pensaba acostada sobre un lecho rústico, una de las pocas cosas que había en ese encierro, ideas no muy claras, figuras sin forma, personas ilógicas, su actitud era tan natural que más bien parecía estar disfrutando de un bonito día de campo.

Llegaron una mañana de nuevo, con la insistencia de hacerla hablar; golpearon fuertemente los barrotes de su jaula como si ella fuera un simple animal y bruscamente entraron tomándola por la fuerza llevándola a un lugar donde supuestamente se podía hablar con privacidad; ella hubiera preferido que se le interrogara en la celda, sabía que detrás de las paredes del lugar a donde la llevaban habían oídos de serpientes; hasta dentro del cuarto se escuchaban los silbidos o siseos de dichosos predadores. Tenía muy en cuenta que cualquier palabra en falso sobre ese asiento haría que todas las serpientes salieran del todo de sus madrigueras y la atacaran de manera descomunal, bajo el efecto del veneno de las palabras y falsas acusaciones podría estar metiéndose en peores problemas. Pero ella no sentía culpa, aún así. Pasillos a blanco y negro que parecían ser interminables, risas e insultos por parte de las demás carcelarias, eran sólo cubos de odio que modificaban la personalidad de la gente las convertía en pequeños demonios sedientos de ver a los demás sufrir de sus mismas maldiciones, no era algo muy diferente a la sociedad. Los demonios de la sociedad son más peligrosos, están suelos, pensaba. La sentaron sobre la silla a la mitad del cuarto, al lado de una mesa que no parecía hecha de un buen material; le costó reconocer que era metal oxidado, la dejaron allí por un largo rato ella sabía que era sólo una simple rutina debían hacerlo para que la soledad, la primera de las serpientes, entrara y asechara un buen rato a la víctima. Entonces entró con voz de autoridad un oficial que no hacía más que gritarle y presionarla con venenosa furia, parecía que ella se contagiaba del ambiente y también quería gritarle; lo hizo, eso creo, y creo también que le vi un moretón en la cara tiempo después supongo que era por eso. La mujer calmada le dijo esta vez al oficial que ella hablaría si se le escuchara con mucha atención, convencería a todos los que la acusaban que su mal no era ningún mal el oficial asintió esperando otro caso nuevo de un ser disparatado, insensible ya ante la locura y muy aferrado a la horrible cordura; luego la muerte le demostrará lo contrario. Pero dejaré tranquilo al oficial es del tipo de personas que me aburre. La mujer rompiendo el silencio en una constante renovación de su seguridad fue subiendo la voz en pequeños intervalos de tiempo, varias ocasiones tuvo el oficial que decirle "repita de nuevo, no la escucho"; atrás de los vidrios estaban todos expectantes. Ahora, contaré la historia de la mujer; quizás no sea tan precisa como la de ella.

Era una mujer de pocos ingresos, no muchos estudios; se la pasaba en las calles oscuras de la ciudad de cuando en cuando vendiendo placer, eso fue en unos inicios luego que su esposo la dejara y rompiera tantas promesas que le había hecho; luego de superar aquel terrible sufrimiento optó mejor por trabajar en alguna frutería de por la calle. En un principio las noches parecían decir su propio nombre y se sentía tan augusta siendo el placer de los hombres, su cuerpo era esbelto, seguro usted hubiera caído en su telaraña; si es hombre, todas las noches en la misma esquina rodeada de un humo gris en una no conocida ciudad, un cigarro en la mano y ropa muy ligera, el frío no era problema cuando la llama del pecado se encendía; muchos de los compañeros de su ex esposo la iban a buscar constantemente lo que en ella producía mucha más satisfacción. Luego se dio cuenta que en ello no había nada de respeto, a medida que pasaba el tiempo iba ganando fama de ser una mujer de esas; los hombres la miraban ya con desprecio a menos que quisieran tener sexo con ella, algo normal en una sociedad como esta; para limpiar su dignidad se fue entonces a vender frutas con una amiga de ella quien también quería salir de ese mundo, le decía que no soportaba más las miradas juzgadoras. En la frutería las cosas pintaron mucho mejor mas de todas formas habían tiempos en que hombres se paraban frente a su negocio a insultarla pronunciando nombres de animales que ni al caso vienen. Estando allí se dio cuenta de una fuerte realidad, se estaba quedando sola y a pesar de haber disfrutado de la vida en las noches ya nadie la respetaba; no tenía casi dinero para seguir manteniendo la casa que le había dejado su ex esposo, estaba quedándose en una ruina económica y emocional. Se cambió de casa a uno de los barrios más peligrosos de la ciudad, como todo el mundo ignoraba su pobre situación pensaron que era para estar más cerca de los burdeles; su casa tenía una única habitación, un baño y una sala muy pequeña, las paredes estaban roídas por una extraña masa verde que siempre le producía asco. Ella tenía una manía usual entre las mujeres, era la de la limpieza, quizás su fuerte sentimiento de soledad le impedía terminar con aquella suciedad, era como si de alguna forma se sintiera identificada con todo eso aunque ya no era parte de la noche. El suelo era sólo la simple tierra, algo que si la enfurecía porque cada vez se atoraban algunos morros de tierra dentro de sus zapatos y le fastidiaba al andar.

La soledad la rodeaba de las formas más decadentes que se pueden llegar a pensar, era como un vago de la calle a quien nadie respeta ni tiene en cuenta; pronto la solución se halló ante ella, una niña pasó con su madre al lado de su frutería, a las dos las vio sonreír de tal manera tan emotiva que sintió por dentro una cálida brisa parecida a la sensación que tenía con su ex esposo. Saliendo del trabajo ese día, pensaba y re pensaba sobre aquel sentimiento de bienestar, era mucho mejor confiar en alguien de su misma sangre, no la dejaría ni se iría a otra parte, estaría con ella. Caminando por las grises calles pasaba por centros comerciales de alta cantidad de personas, donde siempre se encontraba a la misma imagen con diferentes sujetos, nieto con abuelo, padre con hijo, hijo con madre; sonreían, parecían muy felices, los padres se sentían orgullosos de sus hijos, los abuelos sonreían por volver a ser padres con sus nietos; los niños en su inocencia jugueteaban y se reían de cualquier cosa. Llegó a su casa con el corazón un poco acelerado, había encontrado la respuesta a sus problemas; acompañarse de un hijo no estaría nada mal para alguien tan solitario, le ayudaría a hacer los deberes de la casa cuando fuera más grande y quizás hasta luego podría sostenerle si es que garantizaba un mejor futuro para él que el que ella tuvo, ese pensamiento decadente de pensar que alguien podría cumplir sus sueños y ella podría ayudarle la invadieron y empezaron a cegarla. Inconsciente se la pasó hasta que se puso la luna sobre las montañas y el sol salió del otro lado, no había pensando por tanta euforia que necesitaba de un hombre o un compañero siquiera para que pudiera quedar embarazada, fue la amiga de su trabajo quien la dejó perpleja al decirle eso. Había ya pasado mucho tiempo desde que salió de la vida nocturna, sus senos estaban caídos y su piel se había añejado con el tiempo; no tenía el mismo color en su cara, las frutas se lo habían dejado todo para ellas. Llegó el terror encarnado en la desilusión, jamás conseguiría un hombre con tal aspecto; a menos que fuera uno de esos decrépitos desesperados y ella no pensaba caer tan bajo le asustaba pensar en ello. De aquel lugar donde provino la desilusión también llegó la respuesta a su problema, existía algo llamado la adopción; podía ella ir a un instituto a adoptar a uno de esos niños que dejan huérfanos o abandonan en la calle, mucho mejor le dijo su amiga pues si adoptaba uno de la edad justa se ahorraría la infancia; el tener que estar con él todo el día. La idea fue estupenda para la mente un poco resquebrajada de la mujer, fue esa misma tarde para averiguar los trámites de adopción, se sorprendió que en aquella ciudad fuera tan fácil obtener un niño de la nada; esa noche tampoco durmió sedada por el pensamiento de alegría de escuchar las sonrisas del adoptado en la casa, de tanto pensar se convenció que lo que quería no era un niño sino una niña. Las mujeres eran mucho más sensibles, además se la llevaría mejor con ella y le enseñaría el camino de una buena mujer, ella que había pasado a través de las garras de muchos demonios le enseñaría a su nueva hija a no ser como ella, el querer ver a alguien más siendo lo que ella no fue cada vez hacía una grieta más fuerte dentro de su cabeza.

A medida que pasaban los meses y se acercaba el día tan bien planeado de la adopción, la mujer salió a centros comerciales que eran mucho más caros que sus pocos ingresos y averiguó ropa de marca, artilugios para niños que se pudieran acomodar a la idea majestuosa de su hija, ya la tenía como una divinidad, era como una diosa de la salvación a la muerte; lo que la resucitaría cuando traspasara el umbral de la puerta. Compró un coche de bebe, un vestido color rosado y un biberón; su dinero ahorrado no alcanzaba para comprar nada más, indignada por este hecho salió del centro comercial pero luego contentada de nuevo por la euforia se fue a su casa a pasar otra noche más en vela; esa noche se la pasó acariciando el lindo vestido de su nueva hija. Por fin llegó el día tan esperado por la mujer, al salir del trabajo a las seis como siempre lo hacía se fue al instituto de adopción a diligenció todos los papeles para acreditarse de ser una buena madre, ya había escogido a una niña entre todas las que habían; su edad era de 5 años y parecía ser muy callada pero con una sonrisa de un ángel. Alegre la abrazó fuerte y se la llevó para su casa, la niña sonrió a su encargada para despedirse de ella, cuando llegaron a la casa algo no planeado comenzó a dar efecto; la niña comenzó a llorar fuertemente que hasta molestaba a los vecinos; la mujer intentó ponerle el vestido, ella era una mujer quizás sentirse bien la calmaría, forcejeó con ella hasta que concluyó que el vestido no se lo podía poner; salió a la calle a darle un paseo en el cochesito pero tampoco consiguió el resultado que quería, la bella sonrisa con la que siempre había soñado. Le dio biberón, pero era muy grande ya para eso; no le gustaban esas cosas fuertemente lo rompió contra la pared; en medio de la desesperación se le iluminó la cabeza, tenía hambre eso era lo que pasaba, fue por un poco de comida en la nevera pero resultó que ni eso la calmó, esa noche la pasó en vela no sedada por su placer, ahora sedada por sus pesadillas de ver a una niña lloriqueando en vez de reír, ¿cómo es que nunca había pensando en eso? ¿cómo es que nadie la había advertido sobre aquello?; en la calle siempre se veían reír con sus familias, el destino de nuevo la castigaba con hacer algo mal, era ella la que se encontraba maldita pues nunca conseguía lo que quería, no podía conseguir que alguien más fuera lo que ella quería que fuera. Al otro día se fue al trabajo dejando a la niña con un vecino y reflexionando sobre si había tomado una buena decisión, en su trabajo su amiga la persuadió diciéndole que no todo era felicidad con los niños, habían momentos agobiantes pero luego las gracias se darían con la añorada sonrisa. La mujer convencida de lo que le decía su amiga volvió a su casa con nuevos bríos, en casa de la vecina se había portado de maravilla y hablaba mucho; cuando ella llegó todo pareció cambiar, era algo infernal una niña del infierno con su lloriqueo de nuevo, no hablaba ni decía qué era lo que le ocurría ¿por qué a ella no? ¿qué tenía en contra de ella? de haber sabido habría adoptado mejor a alguien menor, la niña podía contar su sufrimiento pero no quería.

Esa noche ocurrió lo impensable, sólo apenas de llevar dos días en casa de la mujer; la mujer comenzó a creer que la niña se creía demasiado como para sonreirle a ella, siempre había visto a niños y niñas reír con familias adineradas, el vecino tenía más dinero que ella; era mejor persona y tenía esposa. Era eso, la niña se reía de su pobreza emocional y su carencia de dinero, había llegado a la casa no con una corona de espinas sino con una de oro, era una maldición peor a la que antes tenía. Enfocada en el sentimiento de perturbación se paró frenéticamente de su cama, la niña lloraba fuertemente, le puso una mano en la boca y la estrelló fuertemente contra la tierra; la niña en menos de un segundo quedó inconsciente, la mujer no estaba satisfecha, creía que en cualquier momento despertaría de nuevo con su burla hecha llanto, fue por un objeto filoso y se lo clavó varias veces detrás del cuello, la sensación de placer fue tanta que el cuello de la niña casi se desprende de su cabeza era como si hubiese cometido una decapitación. Tenía el vestido rosado manchado completamente por un mar de color rojo que parecían ser lagrimas, de hechos brotaron bichos que parecían ser de la tierra, comprendió lo que ocurría; la niña lloraba por sentirse atormentada del mal de los bichos; no se sentía mal de todas formas. Ella la amaba, quería calmarla y dejar que llorara; decía eso en forma de excusa, había logrado calmarla. La desvistió y se la llevo a un pequeño riachuelo metida dentro de una bolsa, los buitres incluso en la misma noche parecían mirarla con culpa, reclamaban el cuerpo de la pequeña niña quien era más de la naturaleza que de su falsa madre; al llegar al riachuelo la mujer sintió un mal presagio de todo esto, creía que todo había ocurrido por obra y gracia del mismo Satan, con despacio le sumergió su cabeza casi desprendida al río y la bautizó para librarla de los demonios que miraban desde el subterráneo, le quitó su vestido color rosa y rojo y lo llevo de regreso a su casa dentro de la bolsa. Los buitres se quedaron con el cuerpo de la niña, había hecho lo posible para salvarla del mal; que las aves de carroña se alimentarán de su cuerpo en proceso de descomposición era una muy mala señal para su entrada al más allá. Durmió esa noche de la manera más tranquila que pudo haber dormido en su vida, no era una asesina, estaba loca. Al otro día dijo a todos sus cercanos y conocidos que la crianza de la niña iba a las mil maravillas, por fin había logrado que guardara el silencio tan deseado; nunca antes había sentido tanto sosiego, había logrado que alguien fuera como ella quería ser y no tenía el valor, un cadáver. Varios le dijeron que algún día le harían la visita para ver a la chica, con lo que ella respondía que mejor la sacaría de casa y la llevaría al trabajo o algún lugar para que todos la conocieran. Comenzó luego a pensar en adoptar otra niña pero las cosas terminaron ese mismo día cuando un oficial llegó a su casa y entró fuertemente por la puerta sin previo aviso, era un barrio pobre y los policías tenían cierto grado de impunidad que en este caso fue de mucha ventaja pues al entrar vieron el vestido de la niña puesto sobre el coche y en el suelo al lado de aquel el cuchillo ensangrentado; la mujer se asustó cuando vio los policías dentro de su casa y antes que pudiera decir algo fue arrestada y llevada a la comisaria, era la presunta asesina de la niña.

A pesar de haberle encerrado sus sueños en un cubo de cemento las cosas no eran muy diferentes a su hogar normal, eran incluso mejores pues ya no tenía que ir a trabajar; estaba acostumbrada a ese mundo de encierro, lo que si le asustaba un poco eran las demás reclusas y se quejaba constantemente del aseo de las jaulas ya que ella no era la que lo hacía. Aún no se encontraba en la cárcel pero si estaba dentro de una comisaria, luego de una semana de investigación descubrieron que el cuchillo tenía las huellas dactilares de ella pero se encontraron con una sorpresa, la sangre seca que allí estaba no era de la niña sino de un animal cualquiera de los que venden en la carnicería, en el vestido no había sangre sino pintura. ¿qué era lo que había pasado entonces? ¿por qué el llamado del vecino?

Pensaron en dejarla libre hasta que para mala suerte de la mujer encontraron a la niña en el río, hicieron unas investigaciones pero no encontraron nada; parecía todo haber sido un accidente, en un inicio la mujer quería llorar por la muerte de su hija haber si así daba una fachada y la dejaban ir. Luego encontraron el verdadero cuchillo que realmente la inculpó y fue ella trasladada a la cárcel de mujeres; pero había un oficial que creía que una mujer así no era la culpable de todo eso, era demasiado sencilla como para cometer un crimen de esa manera tan fría, comenzó entonces a interrogarla seguidamente creyendo que presionándola encontraría indicios de un cómplice.

-Me manipularon- dijo la mujer con un tono más recuperado.

-¿Quién lo hizo?- preguntó el oficial.

-Fue el vecino, fue la sociedad, fueron todos-

-Señora le pido que sea clara-

-La sociedad me vendió la idea que tener una familia me haría alguien feliz, habían propagandas de aquello y siempre viví con esa idea. Pero fue en especial aquel vecino quien me pidió que le dejase guardar el vestido ensangrentado de la niña, si quieren pueden ir por él y lo encontrarán. Me decía constantemente que mi hija adoptada era demasiado hermosa, que se la regalara; al yo no querer hacerlo comenzó a manipularme diciéndome que la niña hablaba mal de mí, se reía de mí a mis espaldas y que le gustaba verme angustiada luego del trabajo, por lo que ella lloraba-

La mujer hizo una pausa para tomar un poco de aire.

-Me dijo que le diera la ubicación del cuerpo para que él le diera las buenas noches, no quise decirle nada porque sabía que él era el mismo Satan, se veía en sus ojos. No me siento culpable de nada, a pesar de haberme manipulado tanto tenía razón; la niña dejó de llorar cuando le apuñalé el cuello.

Me dio luego el vestido con pintura roja, la misma noche en que yo asesiné a mi hija, con tal de recordar que de ahora en adelante sería una mujer más tranquila. Luego se fue a su casa indignado por no haberle dicho en donde yacía el cuerpo de la niña-

En acción rápida, el oficial ordenó que mandaran una patrulla a la casa del vecino más cercano. Pero por más intentos que hicieron de logística intentando ligar a los vecinos con el caso, encontraron que el vecino más cercano se encontraba a kilómetros de la casa de ella y que nunca supieron nada de la mujer.
                                                                                                 
     -José David León Rodríguez-









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