lunes, 17 de junio de 2013

Delirio

I

Sentado en un día gris, la lluvia cubría el horizonte. Eran poco visibles las montañas, unas cuantas luces sobresalían; seguramente era alguno que otro hogar que buscaba refugio en el calor. Yo estaba abriogado con mi cuerpo favorito, quiero decir, con mi amada esposa; aferrada a mi pecho, casi dentro de él. No, la verdad es que si creo que estaba dentro de él. Podía ver como de repente se hacían hondonadas en medio de mis costillas y su cara era recubierta por mi piel derretida. Era parte de mi corazón, cayendo al abismo de forma lenta y relajada; como aquel moribundo que perdiendo las energías se deja caer sobre la cama del hospital. ¡¡Oh si!! que me dirán mentiroso pero bien recuerdo las cosas que sucedieron, en eso mi memoria no falla. Recuerdo con tanta precisión el instante en que despegó su cabeza de mi pecho, el hueco tardó un poco en sanarse; se paró silenciosamente y me miró soltándome la mano. Su cuerpo agotado y bombardeado por las gotas del aluvión permación erguido un rato frente al mío, era el azote de un esclavo revelado que reclamaba libertad. La mirada de Justicia, ha pasado, me dije a mí mismo. Dio la espalda, lentamente como si fuera un segundero, juro que lo pude ver con el mismo ciclo; hasta casi me pareció escuchar el tic-tac. Comenzó a dar lentos pasos hacia el sendero que conducía al lugar donde estábamos. 

Me apeno, que no he descrito bien el lugar, descánsabamos en un parque donde sólo se podía llegar a través de unas piedras. Al caminar se hacía mucho ruido, demasiado indiscreto para mi gusto. Pero era el lugar preferido de mi chica preferida. Íbamos constantemente a sentarnos para ver las luces que sobresalían a la niebla de las montañas que perfectamente se veían desde el lugar ya mencionado. Casi siempre era en días lluviosos, los días calurosos me aburren. Lo siento, debo guardar un momento de silencio por los que yacen muertos....

.....Continuo mi relato, ha volteado de manera despectiva y ha dado pasos misteriosos y silenciosos. Las rocas han traicionado al alboroto. Es insólito, pero la veo desaparecer frente a mí; primero se ha quedado paralizada como si el aliento le faltara. Por un momento pensé que se iba a desmayar frente a mí, me había tardado demasiado en darme cuenta que algo extraño estaba sucediendo. Bien, es increíble, es increíble que paralizada frente a mí se haya convertido en arena lentamente y el viento, como pidiendo algo que se le había robado, la ha acariciado, deshaciéndola en millones de partículas de polvo que hasta temo de estornudar sobre ella. Me siento solo. Muy solo.

II 

Es otro de los días que me gusta recordar. La primera vez que alguien me llevó a una escuela de aviación. ¡¡Vaya qué sorprendente!! verme ahogado por el ruido de los motores, expresan demasiada potencia. Son bestias gigantescas con el poder de arrastrar a multitudes de pasajeros detrás de ellas. Me siento algo triste por no poder domar a alguno de esos animales. Bueno pero tendré el placer de ser deborado, si, de ser deborado, entraré a los intestinos donde quedan los lugares para sentarse. Sentarme, eso me recuerda a una vieja historia de una amada. ¿Amada? ¡¡Bah, qué va!! cómo pensar en amor cuando se está a punto de llegar a las nubes. Me emociono demasiado con estas cosas, oigo como arrancan y como suben lentamente al cielo. Me da la ligera sensación que cada vez que se despegan del concreto es como si algo las jalara al suelo, pero son demasiado feroces como para no luchar, es toda una odisea la que se libra en ese instante. Buena manera de ser impertinente; es mi cuerpo rogando las necesidades diarias. Ni comida, ni sed; quizás la ansiedad me ha hecho tener ganas de ir al baño. Recuerdo bien cuando solicité que me indicaran el lugar del baño. Me han respondido algo demasiado extraño, citaré:

"Había una mujer que tenía una familia, tenía una familia de aviadores. Los aviadores un día quisieron volar y se fueron de casa. La mujer se ha quedado sola, se ha quedado sola, pero un día negro volará aunque no sea aviadora"

Jaja, me dio un poco de miedo ese tipo. Bueno, le pregunté de nuevo y escapando de sus elucubraciones me indicó el lugar. Una casucha de color rojo y techo marrón, muy desvencijada y olvidada que quedaba al final de la pista. Entré por un marco que ni siquiera tenía puerta, seguí un pasillo lleno de muchos cuadros de aviones hasta llegar al baño. Fue demasiado vergonzoso cuando estando en el baño con mis necesidades alguna mujer entró a hacer un inventario. Eran los modelos favoritos de ella, los que estaban colgados dentro del baño, si, si, me refiero a los cuadros de aviones. Esos malditos hasta pegados en el baño se encontraban ¿qué quieren que me sienta cagando al cielo? quizás querían sentirse como palomas. Yo qué sé, casi me ve desnudo la desgraciada. También avisó que tenía que irme pronto que mi avión despegaría.

Allá estaba imponente, con su helice, el avión estilo segunda guerra mundial. Sacado de esas novelas y caricaturas, toda una alucionación del pasado que preparaba sus motores para recobrar vida. ¿Puede alguien escucharlo también? yo, yo si puedo. Díganme que pueden. Porque fue una sensación indescriptible. Todo lo imaginado es real. Pero eso es terapia de uno de los psicólogos que suele dar opiniones en el noticiero de las doce y treinta. Bueno que sin pensarlo me eché un poco de pimienta y sal para tener mejor sabor, creo que exageré un poco cuando me vertí aceite en el pelo; es que como era una máquina supuse que le gustaban los tornillos, las tuercas, el aceite, la grasa, todo eso que está relacionado con la mecánica. Lo he visto en alguna que otra película creo. El avión me deboró y sus mascadas me hicieron cosquillas, hasta tengo cicatrices que no fueron dolorosas y me gustaría algún día repintarlas del mismo modo. Me gustan las cicatrices. Llegué a los intestinos sin haber pasado por algún proceso de digestión. La digestión de las aviones se da en las nubes. Quiero hacer parecer mis escritos como surrealistas, pero a veces hablo incoherencias. Jeje. ¿Será?

Justo en el asiento preparados para despegar alguien detuvo el arranque, me llamaron a gritos que nadie más escuchaba. Tuve que ser defecado por la máquina que tanto me gusta, fue algo difícil y asqueroso, no quiero hablar de eso. Ya con los pies en la tierra, que casi nunca los tengo, corrí hacia donde escuchaba los gritos.

III

Y aquí estoy, después de haber recorrido tantos senderos laberínticos. Sentado en el pie de un árbol milenario que carece de ojas, sus ramas parecen manos que pudieran sujetar y capturar a cualquiera. El aire da la impresión que tiene vida propia y que es salido de esos bosques encantados. Ojalá fueran esos los hechos, lo que he visto aquí ha sido mucho peor. Los gritos agobiantes se encontraban en el pie del árbol; las nubes tronaron cuando me acerqué para poder cavar con mis manos. Comenzaron a surgir rayos que me hicieron despertar en un centelleo, me encontraba cerca de un acantilado. El árbol se posaba sobre una enorme roca donde se podía ver el resto del valle. Recobré las fuerzas de encontrar a la terrible persona cruel que había interrumpido mi viaje. Comencé a cavar hasta que las uñas sedieron al filo de las rocas, maldito lugar rocoso, tengo mis palmas raspadas. La sangre se combinó con la tierra generando una masa de fétido olor pero agradable al tocar; sentía como las manos sufrían de corrientazos paralelos a los truenos. El corazón agitado fluía enviando más sangre a mis brazoso para que fuera desperdiciada y se mesclara con la tierra, de repente toqué algo muy suave. Se trataba de una mejilla demasiado cálida. Mi sangre se derramó sobre la mejilla como una lágrima, quité un poco de tierra alrededor y vi el rostro completo con la boca abierta. 

-Abrázame que tengo frío- Me dijo la voz de mi mujer.

-Esteban, tengo mucho frío- Me repetió de nuevo.

Aterrorizado me eché hacia atrás, caí contra el tronco del árbol. Algunas ramas comenzaron a agitarse fuertemente por el viento, las sombras comenzaron a agitar los recuerdos. Veía claramente lo que había ocurrido. El día que estuve con ella sentado viendo el horizonte, que la lluvia me recordó su manera de tratarme. De forma agresiva, de forma cruel. Entonces la niebla me susurró al oído "Nadie se dará cuenta" las luciernagas que siempre estaban rondando en el pasto dejaron de alumbrar como si fueran complices de lo que estaba apunto de hacer. Con mis brazos únicamente que sangraron hasta que no pudieron agredirla más, apagué su vida, y la enterré cerca al acantilado donde estábamos. Las montañas podían ver lo que hacía, pero jamás se moverían a buscar ayuda. La enterré sin ningún protocolo, de cristianismo ni religión. Sin recordar acaso la vida que me había dado, los sentimientos que me había otorgado. Oh señor, ¿en dónde estabas para sentensiarme?, no estuviste allí para detener mi empresa. Mis manos quedaron tan agotadas como ahora mismo las tengo. Por cavar y por golpear, fueron armas y herramientas al mismo tiempo. Hoy he intentado trabajar todo el día en mi escuela de aviación, un alumno me ha echado de la nave por no estar en condiciones de manejar. ¿Qué es todo esto? y ahora estoy de nuevo en su tumba, yo mismo la he desenterrado sin saber muy bien lo que hacía. Ahora seguro alguien vino tras mis pasos y entonces será mi encierro. Las sombras de las ramas del árbol me muestran mi futuro, pero las ramas no se agitan por el viento. Llueve de nuevo como aquella noche, llueve. Un piano caótico comienza a dar compaces en mi mente. Me sugieren una muerte voluntaria, me sugieren matarme. Yo no quiero ser el protagonista que cierra su propio telón, pero el resto de la historia es demasiado atroz. 

...Esta es una de las razones por las que no duermo. Bueno ¿qué tal parece? a mí me parece que Esteban pudo dormir. No me volvió a hablar jamás.

                                                                                                           -José David León Rodríguez-





Articulos relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...