martes, 15 de octubre de 2013

La camara mortuoria

Ivan estaba cansado de su viejo y anticuado apartamento, de las noches heladas que parecían eternas, de su escaces de comida. Si, el apartamento no era suyo; simplemente era un lugar alquilado, un hombre gordo se acercaba a la puerta todos los viernes finales de mes y de manera grotesca y ambiciosa le pedía el dinero necesario para la próxima estadia. No era necesario tan alto precio para una madriguera como esa, pensaba Ivan, el hombre quien cobraba la renta estaba sobrevalorando el lugar,; aprovechándose del sitio central y la demanda de vivienda de la ciudad. Sin embargo, Ivan no tenía suficiente dinero para un hogar mejor; a pesar de ser un hombre sin familia y solitario, parecía que sus ingresos eran deficientes comparados con los gastos del mundo moderno.

-Otros tres miserables pesos me he ganado hoy- Se quejaba mirando el techo, el chico llamado Ivan -Cuido la maldita seguridad de todo un conjunto de personas por tres pesos, esto es increíble, a medida que la complejidad en la que un trabajo aumenta parece que su salario disminuye, estoy harto-

Ivan trabajaba para una propiedad privada, una millonaria empresa de la región encargada de comercializar Materias Primas, la complejidad del negocio era desconocida para el chico Ivan; pero no era necesario conocer todo lo que se hacía en la empresa, simplemente había que tener agallas, enfrentarse con los ladrones; aquellas ratas envidiosas que se multiplicaban cada día y hacían de sus estrategias los más despiadados engaños o artimañas. Habían ladrones inteligentes, tanto, que ya ni siquiera necesitaban armas para robar a Ivan o alguno de su escuadrón de seguridad. Estos ladrones inteligentes, usaban palabras; algo más fuerte que la mismísima bomba atómica. Ivan arriesgaba su vida constantemente por tres pesos que le daban al día; la renta costaba apróximadamente 20 pesos y las constantes amenazas del avaro, de aumentar la renta, se convertían en una migraña para la mente de Ivan. De pronto, observando el techo, la cabeza agotada de Ivan decidió involuntariamente cambiar de sitio; girando hacia la derecha justo donde se encontraba una desvencijada mesa; la mirada de Ivan se encontró con un anuncio, el cual no había notado durante su presencia en la habitación.

-¿Qué es esto? ¿Un trabajo? ¿Sepulturero?.......¡¡¡Veinte pesos al día!!!- Ivan saltó precipitadamente de su cama -Es justo lo que necesito, podría pagrarle la renta a mis compañeros de pisos; es más a todo el edificio entero si quisiese, jooo, pero ¿por qué vivir con estos miserables si ya podría conseguir más?- El entusiasmo ingenuo del chico Ivan le hizo caer en las más profundas ilusiones, tanto era así que observaba con codicia roja el viejo periódico sin darse cuenta que la fecha ya tenía más de 6 meses atrás.

Llevado por la alegría falsa corrió directamente hacia la puerta, antes tomando todo el dinero que tenía dispuesto para su comida y sus gastos diarios; con ese dinero se dirigió a la dirección indicada en el anuncio. Mirando como un niño por la ventana, pasó por los lugares más horribles de la ciudad; callejones sin o con poca luz donde le miraban asesinos o malandros con rabia, él desconocía de todo el movimiento maligno que se ejercía alrededor del autobus, sólo pensaba en la fortuna que ganaría. Mujeres, vicio, alcohol, podría ser un holgazan; podría darse el lujo de manejar su tiempo de mejor manera, después de todo el anuncio decía que únicamente era en las noches. No importaba lo extraño que sonara el trabajo mencionado, un sepulturero en la noche, si; de todas formas la Muerte no tenía horario y se decía -Supongo que es un cementerio muy demandado, ha de haber vacantes, muchos muertos quieren arrendar lo más rápido posible- Riendo silenciosamente por tal horrible y macabro pensamiento. -Yo les daré a cada uno de ellos una buena vivienda, y les cobraré barato....ejejeje, no habrá nada de qué temer mis queridos inquilinos, yo les daré una buena vida a bajo precio- Bromeando en su mente no pudo percibir el lugar tan alejado al cual se dirigía, la última estación del autobus. Rodeado por la niebla, luego de haber pedido indicaciones al conductor; se sumió en la más oscura calle de la ciudad. Los números de aquellas casas eran casi ilegibles, debía acercarse mucho a cada uno de ellos y encender un fósforo para saber en qué lugar se encontraba; temiendo únicamente por sobrepasar el lugar encontrado seguía ignorando la inseguridad que se respiraba en el aire y el olor a cadáveres que resonabana en cada una de las paredes.

Finalmente llegó al lugar buscado, una reja ruidosa recibió su entrada. Saludando a un hombre de aspecto jorbado y ojos hundidos en el rostro pudo darse cuenta de su descuido.

-Señor mío, pero este periódico ha sido de hace más de 6 meses; no entiendo ¿qué está buscando usted aquí?- Le dijo el hombre jorobado a Ivan.

-¡¡Carajo!! ¡¡Carajo!!- maldijo varias veces al observar el dedo del jorobado señalando el lugar donde se encontraba la fecha de publicación.

-Oh, mi señor pero no se altere usted; puede que ya no esté disponible aquel ambiciado puesto pero existe uno mejor-

-Pues entonces, amigo, avísame de aquel puesto que en verdad me encuentro menesteroso incluso de zapatos- miró hacia abajo Ivan con sonrisa un poco torpe, moviendo los dedos de los pies y dejando asomar su dedo gordo a través de un agujero. El hombre jorobado echó a reír al ver tan absurda escena.

-Existe un trabajo, se trata de limpiar las camaras mortuorias que han sido recientemente desocupadas- Dijo el hombre jorobado -Al señor le agradará saber que el salario es de 40 pesos, las 5 horas de trabajo-

-¿Son sólo cinco horas?- respondió Ivan sorprendido.

-Así es señor, y sólo tendrá que trabajar una noche cada dos días. El trabajo únicamente es nocturno puesto que el olor de Muerte puede fastidiar a los visitantes que vienen al cementerio en el día-

-El horario no me importa mucho, tomo el trabajo ¿cuándo puedo empezar?-

-Esta misma noche, señor, tiene usted la suerte que han desocupado 3 mauseleos en el día.-

Luego de esto el jorobado llevó a nuestro nuevo trabajador ascendido a cada una de las camaras. Cuando el trabajo fue terminado el alba estaba presentándose, Ivan un poco agotado se despidió de su nuevo colega y se dirigió a casa.

-Jamás volveré a esa tonta empresa, jamás, ni siquiera presentaré una renuncia- dijo agotado ya en su casa reposado. Miraba los 40 pesos que había adquirido y se disponía a pagar la renta para buscar un mejor lugar; semanas atrás había oído de una habitación que costaba 30 pesos y que podía separar por 15. Sólo esperaba a que aquella habitación estuviera disponible, pensando en eso recordó que la ubicación de su nueva y posible morada se encontraba más cerca de su lugar de trabajo.

-Debo celebrar este cambio repentino en mi vida- tomó su chaqueta vieja y se fue a recorrer unos cuantos bares de la ciudad. Al día siguiente, con el sol en la cara, la miseria en su garganta que rogaba por un poco de piedad; evocó a su nuevo trabajo y pudo superar cualquier molestía de la resaca sin mucha dificultad. Sonó el viejo teléfono de la habitación, era su compañero el jorobado.

-¡¡Compañero mío!!- saludó eufórico Ivan.

-Señor, es para informarle que si se puede dirigir hoy al cementerio; tenemos 2 mausoleos nuevos dispuestos a ser aseados- respondió el ojos hundidos sin mucha emoción.

-Claro, claro, esta misma noche me dirijo hacia allá-

Antes de llegar al final del tour de aquella decadencia, paró en el sitio donde se encontraba su nuevo hogar. Había ya cancelado sus deudas, los 20 pesos del mes, al viejo arrendatario; quien sorprendido por la noticia no tuvo más opción que recibir el dinero y encogerse de hombros, simulando un poco de indiferencia.

-Si señor ¿qué busca usted?- Abrió la puerta una mujer de mediana edad, unos 50 años podía sospechar Ivan.

-Vengo por la habitación de los 30 pesos, no quiero que me la enseñe, señora, simplemente la quiero y ya- Dijo de manera acelerada el fantasma llamado Ivan.

-Oh, bueno....quizás, oh señor, por favor, le insisto que la vea primero; no quiero luego tener quejas que atender- La mujer no podía creer que Ivan estaba tomando su brazo y dándole justo 15 pesos en la mano. Como Ivan, la mujer esperaba nuevos ingresos para su hogar; y los estaba obteniendo precisamente de un cementerio que parecía trabajar con muertos a por lotes, así como una fábrica de automóviles.

-No señora, tome su dinero, debo de irme a trabajar. Qué tenga usted un bonito atardecer y bonita tarde- Dijo sonriente Ivan.

Se fue sin siquiera esperar a que la mujer cerrara la puerta de su nuevo hogar. Sin despedirse de su amiga se adentró de nuevo a su trabajo nuevo, saludando al jorobado y dirigiéndose a los lugares señalados; esta vez en un mapa que el mismo jorobado había escrito y hecho. El primer trabajo fue fácil, unas cuantas flores olvidadas, no había mucho polvo; la familia del cadáver no era tan desconsiderada. Para el segundo trabajo, el viejo mausoleo se encontraba casi destruído, agujerado en el techo y carente de ventanas, debía avisar después a su compañero sobre ello. Rodeado de tierra y maleza le fue casi imposible encontrar la puerta. Luego de encontrarla, fue aún más difícil abrirla, casi dejándose llevar por un sentimiento de debilidad acude al auxilio de su compañero. Sin embargo, impulsado por la fuerza de no caer de nuevo en un trabajo de 3 pesos se las ingenio para lograr abrirla mediante un mecanismo que él mismo consideró una obra maestra de la Ingeniería de la Muerte. Entrando al lugar al que tenía que asear se decía a sí mismo. "Ha llegado tu empleado, tu conserje, asearé todas las fechorías higiénicas que han hecho tus familiares, limpiaré tus memorias con un poco de olvido", Ivan era un amante completo de la sátira; y en esta ocasión se deleitaba así mismo comparando el trabajo de un aseador de colegio con su siniestra labor. Empero, Ivan no esperaba respuesta a sus pensamientos...

-Es usted un atrevido al decir que limpiará mis memorias de estas hermosas tierras- Respondió una voz al final de la camara. Ivan asustado tomó la linterna que llevaba en su mano y apuntó hacia el fondo, con la mano temblorosa, al no ver nada pensó que quizás sería una broma de su compañero; le había notado muy frío hasta ahora, era muy probable que estuviera queriendo crear un poco de afecto entre empleados. Pero la voz insistió sin dar paso a la risa de un chiste...

-No es necesario, no es necesario apuntarme con aquel artefacto; no estoy de pie, estoy durmiendo-. Ivan movió precipitadamente su brazo hacia cada uno de los rincones de la casa del muerto hasta encontrar un espeluznante origen a aquella voz. Un cadáver de pelo seco y blanco, con los huesos casi que al aire; emanaba un olor nauseabundo comparable con el de la tierra empapada, no tenía pupilas en los ojos y su rostro sugería una muerte gritada. El cadáver quien al lado izquierdo de la camara se encontraba reposando, exhalaba aire helado sin siquiera mover sus costillas, no se podría decir que era una brisa proveniente de otro lugar, cualquiera con sentidos agudos como los de Ivan sabía el origen de la voz. Sin decir una sola palabra más, el cadáver parecía esperar la continuación de una tertulia. Ivan petrificado como la lapida de una tumba retrocedió dos pasos para darse cuenta que había aplastado algo blando. Sus movimientos torpes por la sensación asquerosa que tuvo en sus pies le hicieron quedar en el suelo, sin perder de vista al cadáver acostado que ahora parecía intentar levantar una mano.

La brisa gritó contra el borde de una ventana ausente, con pocos vidrios rotos, nadie le creería a Ivan que el cadáver parecía tomar la postura de un ser que está sentándose dispuesto a levantarse. Ni el mismo Ivan creía lo que estaba pasando, pero sus sentidos fueron de nuevo interrumpidos al escuchar aquella temible voz.

-Sea usted mi querido amigo, bienvenido o malvenido, como quiera sentirse; a mi maltrecho hogar- El muerto que ya había adquirido una posición relajada agitó suavemente sus brazos en el aire, como gesto de enseñanza sobre el entorno. -¿Desea usted quedarse?- continuó hablando aquel ausente. Ivan llevado y consumido por el miedo, el cual había ahogado cualquiera de sus otros sentimientos no encontró más escapatoria que huir hacia atrás, parándose rápidamente y colocándose en posición de un corredor que espera el disparo de salida; Ivan le ordenó a sus pies correr como nunca antes lo habían hecho en su vida pero uno de ellos rogó piedad al encontrarse atrapado por cinco huesos. Eran los cinco dedos de su acompañante que imploraban un poco más de tiempo.

-Es usted un visitante muy curioso, viene con intenciones de enviarme al olvido y ahora quiere huir y dejar este momento en el olvido. Siéntese por favor, termine su noble labor-

-Por dios, suélteme mi maldita pierna engendro del demonio- Dijo Ivan con sonido casi inaudible. Enfurecido por tal categoría el muerto dejó caer su cuerpo sobre el de Ivan, tocó cada una de sus partes, incluyendo sus genitales; de manera grotezca le arrancó su ropa y deslizó sus manos por la piel tierna y blanca de Ivan. Con gestos de placer y sonrisa malvada el muerto comenzó a recrear la copulación con el aseador de colegio. Lamiendo de su oreja, tomándolo fuertemente, Ivan sólo podía esperar a que dicha situación fuese sólo una pesadilla; apretó pues el muerto fuertemente de los testiculos de Ivan y este dando un grito desconsolado como un animal herido de muerte fue acobijado por las sombras del piso de aquella camara mortuoria. Cuando Ivan abrió de nuevo los ojos se encontraba en el mismo mausoleo, en la misma camara, pero era él quien estaba apoyado en el lado izquierdo; donde originalmente se encontraba el muerto. Las ventanas eran de colores, amarillos, rojos, morados; cada una de ellas formando de manera geométrica la figura de un ser celestial, un ruido de engranajes provocó que la plataforma de Ivan se trasladara hacia el centro dejándole ver que en el techo se asomaba una ventana con forma de luna. Ivan asustado por aquellos hechos, parecía estar aferrado a su cama de piedra de forma permanente. Los engranajes sonaron de nuevo, y la cama donde estaba el chico Ivan comenzó a girar.

Se oyeron voces de oraciones al fondo, mientras que por la mirada de Ivan se paseaban aquellos momentos donde consideró que fue feliz en su vida; la mayoría de ellos evocaban fuertemente a su infancia y estaban asociados a lugares entrañados, la voz de su madre, la voz de su padre, de sus hermanos y de los amigos que algún día abandonó por independizarse. La cama donde reposaba Ivan giraba vertiginosamente y cada una de las ventanas parecía tornarse en paisajes donde los santos morían y caían vencidos por la debilidad; cada ventanal fue consumido por la noche y luego el hielo de donde contradictoriamente se levantaba el fuego. Los santos miraban a Ivan con ojos oscuros y perdidos, le culpaban por todos los errores que había cometido en su vida; y como si cada uno de ellos pensara de la manera en que lo hacía él comenzaron a burlarse de forma satírica sobre su realidad.

-Mira al niño, juego en la rueda del parque-, escuchaba Ivan, -Esta diviriéndose, al girar y girar, quiere la muerte olvidar, al girar-, -Mírale, parece que está apunto de vomitar; niño para ya....la diversión ha terminado-. Ivan enloquecido por las alucinaciones que estaba sintiendo, comenzó a sentir un cosquilleo en sus adentros; sin razón alguna oscilando circularmente de manera descontralada, Ivan echó a reir. Todos los santos quedaron en silencio mientras el niño Ivan parecía divertirse en su ruleta. El sol y la noche aceleraron su paso y la sombra de Ivan se proyectaba con diferentes movimientos en las paredes de la camara mortuoria, estaba riendo sin sentido alguno hasta observar su propia oscuridad reflejada en los ventalajes, los santos lamían la sombra a su placer tornando sus voces como la voz que exhalaba frío. Despertó acostado en el lado derecho del mausoleo, con una bella dama que se encontraba al lado izquierdo y le miraba encantadoramente. La dama no hacía más que mencionar palabras de amor con boca cerrada, Ivan no comprendía la manera en que podía escuchar todo eso; sin pensarlo dos veces ordenó a su cuerpo levantarse y éste respondió de manera positiva, tomó con ambas manos la parte trasera de la puerta e intentó abrirla con todas sus fuerzas. Fue inútil, estaba encerrado con aquella doncella. Las ventanas se habían ido y las flores emanaban un dulce olor a bungambilias, el joven se encontraba encerrado en una prisión que vitalizaba el ambrosía del amor eterno. Se encontraba condenado.

La mujer había quedado con sus quince pesos, el hombre gordo y avaro obtuvo luego un inquilino nuevo; el jorabado pudo conseguir un ayudante que limpiara mausoleos......Ivan, nunca volvió a pagar su renta.

                                                                          -José David León Rodríguez-

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