viernes, 3 de octubre de 2014

Sobre los apegos y amores

De los apegos y amores se puede deducir:

Que puedo esconderme fácilmente bajo las letras,
Dejaré un poco de miel en mis párrafos ¿beberás de ella?
Que me describo con facultades ajenas a mí,
Me tornaré un poco tedioso en lo que digo ¿la miel es muy amarga?
Que puede no ser miel lo que sientas sino una savia
Será amarga, eso te lo puedo asegurar.

Hace mucho iba lejos caminando sobre la carretera,
Ignorando los mundos misteriosos que se dibujan en las montañas,
Ahora que te he visto desnuda sobre el agua
Puedo saber que he trasladado mi rol al de un personaje,
¿Son necesarios los versos con tanta magia?
Me temo que no tengo palabras.

Que un telón de una obra de teatro se abre con la pretención de ser eterno,
Los personajes están bien entrenados pero no dejan de ser humanos,
Que alguno de ellos será el primero en olvidar un dialogo,
Dejará a su compañero en una tertulia incoherente,
Permíteme ahondar en el asunto; alguien hará el primer movimiento en falso
¿Puedes caer primero tú del escenario? la gente sigue mirando.

Existe una perla vacía en el cielo de los atardeceres,
Caminaré contigo mientras escapamos a la sombra y volvemos a nuestra ciudad,
Descansaré escondiéndome en tu cuello
Haré algo malo, no hay duda de ello
Tengo los permisos y estamos ocultos, contradicción sencilla de querer y no querer escapar de las sombras.

Que existen dos tipos de oscuridad,
La primera es a tu lado y la segunda es sin ti,
De los apegos y los amores se puede deducir
Que hay un extasis en las olas de la luna
Quieres naufragar pero alguien te rescata,
Se siente mal haber irrumpido el arte de un suicida.

Ahora que ya no gozo de la primera oscuridad,
Donde desnudaba tu cuerpo y lamía tu piel,
Ahora que me fundo solo con la segunda;
Puedo comprender y concluir
Que de los apegos y los amores,
Siempre queda que nada fue muy necesario.

-José David León Rodríguez-

martes, 29 de julio de 2014

El Iris, Lago de los recuerdos.

Dos pequeñas personificaciones de recuerdos vagaban por la baldosa de una casa muy diminuta, escalando cada uno de los inmuebles que habitaban en el lugar y buscando cuidadosamente una Nave qué abordar. Para un recuerdo, una Nave es un ser humano, y bien es sabido que como hormigas los recuerdos se esconden en rincones de manera inteligente y como polillas caen precipitadamente sobre las cabezas que pretenden invadir. La Nave que esperaban los dos insignificantes e invisibles insectos se encontraba haciendo parte de la rutina, ya se sabe; un poco de trabajo, un piloto automático que es para lo que son útiles mientras no haya nadie quien la tripule. Atenciones sin importancia que ayudan a mantener cada una de las cosas que existen en el mundo extraño e inmenso de las Naves y su mantenimiento. Cabe decir que nuestros dos personajes que no pueden medirse ni en centímetros, ni en milímetros tenían también alguna aproximación de sexo. Quien pudiera verlos le llamaría al de color azul Hombre y al de color rosado Mujer, todo esto debido a nuestro estúpido y complicado mantenimiento de seres humanos.

La enorme puerta ubicada en la sala se abre, el frío de una noche de altas horas se escabulle por cada una de las líneas que hay en suelo llegando hasta nuestros dos sujetos a manera de una fuerte ventisca. La luz fuerte de una lampara que asemeja a Luna, se proyecta en un techo con color blanco dando la leve impresión que dicho satélite natural puede salir en un día lluvioso.

-Rápido, tenemos que escondernos- menciona el recuerdo de color viril. -Al menos hasta que se encuentre sin energías y debamos hacer nuestro trabajo-.

Existen roles diferentes entre los recuerdos que deambulan en el mundo en busca de cuerpos humanos. Algunos de ellos aparecen en el día y conducen cada uno de los pasos, de nuestros pasos, nosotros inconscientemente seguimos cada uno de sus caprichos; mirar fijamente a una mujer u hombre que se encuentre en la calle esperando que nos devuelva la mirada, concurrir un lugar que se nos es familiar, desarrollador una actividad rutinaria. Este tipo de recuerdos suele ser llamado en su mundo como Los Recuerdos de Sol, únicamente se hacen cargo de nuestros controles durante el día y pueden encontrarse en cualquier sitio. En un autobus, en la calle, en la entrada a una casa desconocida, en un viaje, en la misma comida. Los recuerdos que siempre son amigables, reciben otros en nuestra mente y les dan el mando de la misma de vez en cuando para que cada uno de ellos se sienta cómodo de jugar con cada uno de los gestos. Es así como los días de los seres humanos, las Naves gigantescas, se hace y recorre lo que se llama el mantenimiento diario. Un manojo de actividades pensadas por los recuerdos, elaboradas para darles el sentido de vida a las máquinas enormes, quienes piensan tener voluntad propia. En la noche, como es lógico aparecen los más juguetones, recuerdos sumidos en el pelo del pincel de un pintor, recuerdos que sólo piensan en el caos y la anarquía. Son los bien llamados Recuerdos de Luna, hermanos lejanos de los Recuerdos del Sol. Libres también como es natural en la familia de las evocaciones; pero a diferencia de sus buenos hermanos son caceros y no se arriesgan a ser mundanos, recorrer el mundo y teprarse en las sofisticadas construcciones humanas, temen ser aplastados por otros recuerdos más fuertes, tienen miedo de salir de casa. ¿Cuándo nace cada recuerdo? es todo un misterio, lo que se sabe bien es que vienen de diferentes colores, no hay manera de pronunciar sus nombres; simplemente son particulas de color reunidas en un punto donde la naturaleza por producto del azar (tal vez en forma de broma) les da voluntad propia. La combinación de los recuerdos es lo que crea el comportamiento de las Naves, los seres humanos; las posibilidades son infinitas.

Dirigido por sus conductores actuales, la persona que abre la puerta de su casa, agotada de ser el títere de sus evocaciones; culmina su día preparándose un poco de combustible que ingresará a su boca. Hace alguna que otra tarea que no tiene mucho sentido, olvidando una programación para el día de mañana. El cuerpo cae sobre un lecho cómodo, un cojín muy suave a la cabeza y mucha espuma que hacen una forma rectangular para el resto del cuerpo; sobre cuatro varas de madera que estaban en cada una de las puntas. Para alguien como nosotros, apenas se oye el rosar de las sábanas, el sonido sordo de las cobijas que forman fricción con la piel y todo de nuevo en silencio. Rosado y Azul, los dos recuerdos, tuvieron que ocultarse inteligentemente en un lochero que se encontraba enseguida de la cama; para ellos que una persona apoye su cuerpo en posición de descanso podría significar un golpe mortal que podría causar un naufragio en los poros de la piel, derivando en alguna extremidad o lugar del cuerpo no apropiada para un recuerdo. Si así es, la máquina extraña que es el ser humano, cuya envoltura es una piel a veces blanca, negra, mestiza, etc. Es una vasto oceano peligroso para los recuerdos, donde ellos más diminutos que una célula humana pueden caer fácilmente; terminando en medio de lugares completamente desconocidos. La única manera que un recuerdo puede controlar la Nave de quien quiere abordar es yendo directamente a la compuerta principal del cuerpo humano, Los Ojos.

-Ya ha llegado el momento, rápido antes que cierre sus ojos- menciona el recuerdo Rosado.

Con movimientos parecidos a los de un simio, se realiza una travesía entre las puntas de los objetos ara llegar a la frente del sujeto que intenta descansar. Los Recuerdos del Sol saben que deben esperar el relevo de sus compañeros, así que no dan la orden de cerrar los ojos, únicamente hasta que llegan los pasajeros de la noche. En esta ocasión hay escasos, el hombre derrivado en el lecho rústico carece de sentir artístico pues ha sido poseído por una terrible indiferencia, característica de algunos recuerdos insípidos que muchas veces no es saludable tener en cuenta. Apoyados en la cejas comienza el intercambio de recuerdos, el ritual donde los nocturnos se mofan de los diurnos por ser cuadriculados y rutinarios mientras los diurnos se ríen de sus congéneres por ser encerrados y no tener un orden. Ha llegado el momento adecuado para saltar, Azul y Rosado toman una pupila separada y como un lago de un plasma extraño; en este caso de un color castaño que es el Iris de los ojos de la máquina se lanzan para darse un chapuzón que concluye con un leve lagrimeo del cuerpo humano. Un pestañeo somnoliento mientras tanto se toma el control de lo necesario y el pestañeo final que abre paso al sueño.

Los sueños, los sueños son pinturas de los Recuerdos de Sol y de Luna. Los sueños nocturnos siempre son más elaborados que los diurnos, solamente imagina que un escultor tendrá más tiempo para tallar una piedra o un marmol si únicamente se preocupa por realizar esta obra (este es el caso de los sueños nocturnos), los diurnos son más complicados; puesto que el escultor debe preocuparse también por las actividades normales, tal vez se encuentra en una casa concurrida con mucho ruido, así que tiene que esculpir, cerrar las ventanas, esculpir, alguien llama a la puerta, esculpir, es hora del almuerzo, esculpir, ha llegado alguien entrometido a interrumpir mi obra; ¡¡Carajo!! no tiene sentido continuar ya se ha dado un martillazo que no puede solucionarse. Existe algo lastimero entre los sueños nocturnos, muchos de los grandes Recuerdos de la Luna, suelen llevarse cada una de las pinturas, escritos, obras de arte realizados. No dejan rastro alguno ni incidencia de lo que se ha realizado, en muchas ocasiones los sueños nocturnos se evidencian en algún arte realizado al azar por un Recuerdo de Sol que misteriosamente se interconecta a la inspiración de quien ha creado el sueño nocturno, de esta manera puede un Recuerdo de Sol reconstruir el sueño nocturno y tornarlo diurno. Sin embargo, este proceso nunca es preciso. Azul y Rosado comienzan la ejecución de su obra.

Un personaje, con la descripción física en minuatura de la Nave. Piel mestiza, pelo de color castaño, ojos color castaño también pero ligeramente más claros, con pepilas negras concéntricas y una circunferencia central más grande que sus hermanas, nariz aguileña, de contestura normal ni muy grodo o flaco, orejas puntiagudas, lunares colocados al azar sobre las palmas de la mano; dos casi que atinan de manera simétrica. Le colocan un vestido casual, pantalón, botas, camiseta, no importa el color; no importa el material de la tela. Le han ubicado en medio de un cuarto blanco donde las paredes no se ven claramente.

Alto, ¡un momento!. Azul no ha tenido un buen día; el color de la casa, el estar encerrado, el mismo cielo, ver la luna en medio de un día nublado o ver el sol de forma cuadrada a través de rejas color marrón oxidado, elementos del cautiverio que no son más que veneno. Azul lentamente torna su color a ser más oscuro, pasa del azul que se entremezcla con el naranja de un atardecer, a ser un azul un poco más acercado a la noche. Luego, se torna apoderado por un delirio y frustación, como el lapiz de color que siempre es confundido con el color negro; el azul que tiene poca esperanza, el menos optimista de la familia de azules, es el negro azuloso o quizás el azul con tinte negro. Rosado estupefacto mira a su compañero y la obra continua. Azul decide pintar un cuarto completamente blanco del cual no se pueden ver las paredes, pero si existen, aleatoriamente coloca esferas flotantes en todo el cuarto y comienza lo que se llama una terrible pesadilla.

A los ojos del personaje soñado por Azul y Rosado, el cuarto tiene bolas de boliche flotantes color puramente negro, las líneas que demarcan las esquinas del lugar se pueden ver en un blanco un poco más oscuro que los demás (¿Cómo? tal vez un gris será). Una puerta aparece al fondo, una línea desde el suelo se eleva a una altura no mayor de tres metros desde la perspectiva del sujeto dibujado por Azul y Rosado, un suejeto extraño de bata blanca y botas color negro aparece al fondo, sus guantes rosados están ubicados en un extraño cruce de brazos; cada una de sus manos abraza el codo de la extremidad contraria. Su cara es cubierta por una capa de madera que tiene un gesto tallado con una navaja, la sonrisa que se puede evidenciar es siniestra. Rosado tiene también un repentino delirio de cautiverio y ubica cuidadosamente la conciencia de la Nave en el sujeto dibujado, quiere hacerle sentir como si de verdad estuviera vivo. Al lado del supuesto doctor que está en otra arista del cuarto aparecen dos hombres con trajes de color verde, parecen buceadores; con cascos circulares y enormes. Uno de ellos da un dispositivo a su presunto Jefe, quien presiona un boton color grisaseo en un panel. En los objetos esféricos se comienzan a dibujar por separado cada uno de los gestos de la Nave que ha sido abordada, la conciencia del ser humano se horroriza mediante la visualización separada de lo que hace su boca, sus ojos, sus pomulos, sus orejas, de manera asincrónica cuando son expuestas a diferentes situaciones de la vida. Con la sonrisa tallada en su rostro de madera el hombre el doctor se levanta un poco su mascara para dejar ver un arco oscuro que parece ser la silueta de la parte inferior de su boca. Dos esferas que contienen gestos de la boca se proyectan en la parte descubierta que el doctor ha dejado de su rostro, dándole una boca que se construye rápidamente ante la proyección; las células madre se reproducen a una velocidad extremada y le dan una boca humana idéntica a la del cansado personaje. Ahora tiene la boca igual al espectador, un vaso de vinotinto le es entregado por su ayudante que se encuentra en su mano izquierda; las esferas terminan su proyección de gestos asíncronos. El vaso de vinotinto es concluído con suma delicadeza, terriblemente la boca proyectada por cada uno de las esferas funciona como la real.

Azul tiene la idea de dotar a la conciencia con un pincelazo de curiosidad. La puerta de donde provino el doctor se cierra, una línea horizontal se desliza hasta la parte inferior; las tres figuras siniestras del doctor y sus ayudantes desaparecen completamente de la vista. El ratón que ahora está encerrado en el cuarto de sus propios gestos es obligado a ver al doctor como si fuese su queso, persigue desesperadamente la figura desvanecida en la pared blanca dando puñetazos al estrellar su sentido del tacto con la soledad. Está ahora solitario en medio de un cuarto extraño, se siente asustado por la capacidad del actor de reproducir una boca exactamente igual a la suya. Una idea terrible le aborda, la capacidad de su imitador de terminar de crear una réplica de su cuerpo y desprenderse hacia sus actividades cotidianas, un doble que se haga pasar por él y cometa locuras como aquellas que se ven en las películas de ciencia ficción. Desconsolado por la incapacidad del ratón, Rosado decide hacer que las paredes sean de icopor, un puñetazo más y el centro del experimeno rompe las limitaciones siguiendo a un cuarto improvisado rápidamente por Rosado. Se trata de un interminable laberinto de escaleras, se encuentra en un ediicio similar a su estación de trabajo, donde muchos de los ayudantes del doctor; cada uno con los trajes iguales sin poderse distinguir sexos hace tareas que al parecer se encuentran al mando del hombre de la bata blanca. La conciencia decide correr porque se siente confundida gracias a Azul. Baja las escaleras rápidamente evadiendo sin explicación alguna a cada uno de los ayudantes del doctor, quienes sienten ver u oir algo pero prestan poca importancia. En el centro del laboratorio se puede observar un símbolo con apariencia satánica; la estrella de cinco puntas, pero cada una de las puntas significa algo diferente a lo que cualquier religión pueda imaginarse. Anonadado pero sin olvidar su sentido de supervivencia pasa transversalmente de una puerta a otra, viéndose desde un punto superior. Sus pasos son sordos en el metal, ninguno de los extraños sujetos le termina por ver; cuando finalmente entra en un salón de cuadros.

Esto ha sido idea de Azul. El lugar es una mazmorra con ladrillos de color gris oscuro, el color favorito de Azul es el gris, derruidos por la humedad delatan una especie de lugar de tortura. La sangre seca se alcanza a escurrir por la línea de ladrillos inferior del lugar. Hay esposas colgadas de los muros, sufucientemente altas para dejar estiradas las dos extremidades y no poder tocar siquiera con las plantas empinadas el suelo. Intercaladas entre ellas se encuentran cuadros de santos católicos con caras diferentes a las normales. Aquí en este lugar de tortura, cada uno de los santos ha sido designado con el gesto de un pecado capital. Perversión, Avaricia, Ambición, etc. Cada uno tiene una mirada socarrona, una sonrisa que delata una maldad arraigada al corazón. Asustado más que confundido, Rosado a regado la tinta del Miedo sobre la obra, camina lentamente por un pasadizo que tiene el mismo ambiente descrito con anterioridad. Cada uno de los ojos de los Santos parece perseguirle, no pasa mucho tiempo para considerar la idea paranóica que está siendo observado cuidadosamente por uno o varios de los ayudantes del doctor. Sus pasos no aumentan el compás, siguen asustadizos y paralizados por todo el poder de las espeluznancia y el terror. Finalmente algo se puede visualizar al final, un marco de una puerta que da paso a una habitación mucho más grande. La pintura que se ve al fondo de la nueva habitación tiene dos hombres harapientos colgados y vivos a su alrededor, ninguno de ellos menciona una sola palabra pero vigila al nuevo intruso del lugar. Como se ha dicho antes, estos dos guardaespaldas encadenados e incompetentes, son la escolta inmóvil de una pintura enmarcada en oro. ¿De dónde ha salido la idea? ni Azul ni Rosado lo saben, la figura satánica de nuevo vuelve a verse en el cuadro, pero esta vez no parece ser una réplica usada como pabellón de un imperio, es el cuadro original. El cuadro original que tiene una estrella de cinco puntas, en su esquina inferior izquierda tiene un rayo cayendo sobre la tierra fuertemente, cargándola de energía, lanzando piedras a su alrededor; se trata del elemento Rayo. En su esquina inferior derecha puede observarse el caudal de un río fuertemente arrastrando objetos que obstaculizan su camino, se trata del elemento Agua. En su esquina superior izquierda el fuego arde y parece ser causado por los rayos que hay abajo, los árboles se queman y sus brasas se elevan hacia la derecha donde parecen adquirir dirección violenta por una fuerte rafága de energía, se trata del Fuego y el Viento. Arriba se observa la Luna, quien da una armonía al caos de los elementos; es quien dirige la escena. Acercándose un poco para observar bien la escena de la pintura que refleja un bosque sumido en tinieblas, color rojizo y purpura por el Agua, el Fuego y el Rayo; es escupido por los dos prisioneros que repudian cada uno de sus pasos más cercanos. La sáliva seca y ardiente alcanza la piel de la conciencia, dotada por curiosidad gracias a Azul, lee en la inscripción "Noche intranquila, noche imposible...." una mano esquelética y fría recorre su hombro, al mirar hacia atrás se encuentra al hombre con la mascara tallada en madera apuntándole con una pistola. Se levanta un poco la su fachada para dejar ver de nuevo la boca reproducida, sonríe naturalmente igual que su figura imitada. Antes de disparar el arma, Rosado decide dar un reflejo sobrehumano al personaje dejándole escapar por el pasadizo de los Santos con caras socarronas.

Cada uno de los Santos repite: "Sal a la vía pública" incoherencia que ha sido un error de uno de los dos Recuerdos de Luna, no tiene mucha importancia saber cuál; todo porque mirándose los dos recuerdos sonrientes, miran un reloj programado por los aburridos Recuerdos de Sol y se dan cuenta que han culminado su tarea, es hora de terminar el sueño. Deciden dar un final nublado para las escrituras, menciono nublado porque literalmente se termina la persecución del doctor y la víctima en un cementerio de tumbas olvidadas, donde las inscripciones de los muertos no pueden notarse a simple vista. Ha llegado la hora de salir, Azul y Rosado se miran de nuevo antes de treparse y salir por el lago de los ojos; ambos se sienten abrumados por un día nuevo rodeado de un escenario limitado pero aseguran fuertemente ser más originales que los Recuerdos del Sol.

-Apuesto a que la estrella de cinco puntas siempre luce mejor dirigida por la Luna- agregan en coro Azul y Rosado al encontrarse a Naranja, Verde y Morado.

-José David León Rodríguez-

martes, 17 de junio de 2014

La luna en las venas

Esta madrugada al no encontrar la luna me dije,
He aquí la muestra que los niños no están en casa,
Bajo el cielo de alquitran amarillo,
Intenté dormir diciéndome a mí mismo "He aprendido a reír".

Acaba un paseo nocturno,
Afuera el frío y el gorjeo de los pajaros dedican una canción helada,
Esta madrugada al no encontrar a nadie me dije,
Mis sentidos distinguen la dulzura de las tinieblas.

Poco antes de llegar a casa una víbora me guiña el ojo,
No he anotado nada sobre mi vista nublada,
El torrente sanguíneo de nuevo transporta el veneno letal,
La vida se me hace un juego dulce y estoy en el punto extremo de haber pérdido.

Nos conocimos en tierras malditas,
Donde se supone nadie escapa a la rutina,
Estábamos en nuestra plena juventud y cometimos locuras,
Mientras fumábamos nuestros dedos con besos invisibles.

Fue un mal movimiento y los vasos se cayeron,
El ruido estridente se repite aún en mi cabeza,
Se une al canto helado y el líquido que llevo dentro,
Mis pies se despegan completamente del suelo,
Yo era el menos pálido de los poetas que observaban las arañas en la tela de tu vestido.

La religión de los vidrios rotos ha pedido mi nombre,
Siempre lamentable es estar en el punto medio de cordura y locura
Bajo mi propia estrella de cinco puntas:
El trueno, la velocidad y furia con que yo puedo empujar al vacío
El fuego, la manera en que hierve la sangre cuando lo hago
El aire, pasando por todos los lugares chocando contra todo y no recordando nada
La nevada, los sentimientos rápidamente engendrados se congelan
La luna, que está en mis venas
Una sumatoria terrible que me deja caminando en las noches
Esta madrugada al mirar y no ver la última perla
Supe que lo demás no podría parar.

-José David León Rodríguez-




domingo, 25 de mayo de 2014

El misterioso aire de un domingo

Dos ojos espiando por el balcón, miran hacia la calle a los transeuntes pasar en medio de un día lluvioso. Al fondo grandes relámpagos que centellean a la tierra, veloces y sagaces en su trayectoría; descargan su ira como si tuvieran en sus manos enormes cuchillos. 

Los ojos se ocultan detrás de la tenue cortina que hace parecer al exterior mucho más oscuro de lo que está. Revisan la habitación lentamente, paredes blancas con cuadros de paisajes alrededor; el ambiente descrito por las pinturas poco se acomoda al sentimiento de quien mira. Con pasos agotados, cansados de rutina; se dirige de nuevo al espejo a observar su rostro detenidamente. No hay arrugas en su frente, mas se siente como si las tuviera; sus manos aún no sufren la dureza del pasar de los años, mas están cansadas de trabajar tanto; sus dientes no son amarillos, mas los siente mugrosos. Una película de inspiración vacía que no busca explicar algún transfondo filosófico, una temática tan negra que carece de todo sentimiento; miradas pérdidas en la ventana y el espejo. En alguna parte del mundo alguien debe escribir una canción para expresar la ausencia. ¿Quién podría hacerlo? ha pasado demasiado tiempo viviendo el mismo ciclo de lucidez y locura, manifiesta las palabras ignoradas de un mundo abundante de expresiones corporales que nadie comprende. ¿Para qué existen entonces?

Engañados fácilmente por las palabras, han olvidado que las palabras hasta a los escritores ha abonadonado. Algo sin alguna conexión, un personaje metódico que trastorna toda su realidad; no soy yo. Escribo sobre él. Saliendo de la habitación se encuentra con dos nostálgicos instrumentos, languidos de tristeza ya nadie les puede afinar en la tonalidad necesaria para generar pasión. Hoy hablo de un sentimiento agobiante, de muchos personajes errados, inquietos en este día santificado. Ahogados por la sensación de no existir esperanza de romper el esquema, encerrados sobre el mismo mapa mental que ha esclavizado a la mente humana. La vida.

Engañado, fácilmente por las palabras. He olvidado su poder, quizás imaginando gestos a partir de ellas. Caigo en la fosa de la ilusión, quisiera que alguien se acercara a decirme qué es lo real. La mente mengua con las estaciones, poco tiempo faltará para que los relatos comiencen a perder la cronología y luego serán mierda. Ira, rabia, dolor, engaño, muerte, la consagración final llegará en algún momento. Seré el silencio en ese entonces, quien quiera engañarme sabrá que no existirán más palabras para mí.

Hoy me declaro una víctima, decapitado por El misterioso aire de un domingo.


-José David León Rodríguez-

domingo, 20 de abril de 2014

Día después de terminar un viaje

La luz de la ciudad dibuja el contorno de las montañas durante la noche. Una inusual laguna de color naranja se dibuja sobre las nubes; demuestran la presencia de habitantes humanos. Luces insomnes de las calles que cortejan un vehículo errante, dan tranquilidad a sus ruedas y le dirigen a casa. Es el mismo trayecto alguna vez caminado, las curvas memorizadas y las casas en su mismo lugar; poco ha cambiado.

La entrada es autorizada por los fantasmas de un frío y gélido viento de soledad. Diamantes falsos se dibujan en los charcos de calles grises y son aplastados por los pies de un escupe humo. Maletas, equipajes, lugares de llegada, la salida está señalada. Una casa tiene manos pintadas en las paredes de niños muertos e invisibles, los recuerdos más profundos se deslizan por los fragmentos de firmamento que permiten ver las ventanas. Amanece, el cuerpo tiembla por el cansancio de un arduo camino, retorna a sus labores rutinarias sin embargo no las toma muy en serio puesto que aún es un día de domingo. La mañana, la tarde, parecen tener minuteros transformados en tortugas; sosegado corre el reloj mucho más lento que los látidos del corazón. Nadie llama e invita a salir a algún lado, alguien sale por la puerta a buscar un destino. Las ventanas dejan entrar un sonido sinfónico de la brisa de la tarde; el oleo del cielo progresivamente es manchado de un color naranja que no tiene nada que ver con los habitantes, es el sol. La figura de un escritor espera la llegada de la noche, de los sueños, de una película.

Sentir el agua pasada la noche es una costumbre un poco inusitada. Suele darse en momentos de profunda reflexión y nostalgia, es la cabeza empapada de ideas bajo un día aletargado y solo. El pasajero deja caer su cuerpo sobre su lecho, esta vez puede descansar más tranquilo.

Fin de los viajes, no hay destino, el fin de los viajes, aún no ha comenzado.

-José David León Rodríguez-

lunes, 14 de abril de 2014

Espíritu y elementos

En verdad la combinación del rojo y el azul sólo puede ser blanco si se habla de la luna.

Te he nombrado Eclipse, 
mi más preciado elemento,
sonidos sinceros y alguno que otro lamento,
deslizándose en mi alcoba. 

En verdad la combinación de todos los colores sólo pueden ser blanco y negro si se habla de un piano. 

Te he nombrado Iris, 
mi más preciado elemento,
las caricias de tus escalas pueden expresar,
cuanta belleza y horror puedo engendrar.

En verdad la combinación de los colores negro y blanco sólo pueden ser recíprocos si se habla de la luna.

Te he nombrado Cosmos,
mi más preciado elemento,
eres el espía oculto que no se deja ver,
camuflado siempre entre las cuerdas y la pared.

En verdad, mi combinación perfecta, tiene ingredientes indeterminados.

Te he nombrado Luna,
mi hermosa niña y amada,
eres la brisa que deshace los barrotes,
de mi horrible jaula,
quien calma a un prisionero,
por los minutos, horas y días maltratado,
he estado mucho tiempo ausente escondido en el fondo
acongojado por las arañas que en la entrada se han quedado,
llámame con tu voz mi amada y niña,
Cosmos, Iris y Eclipse traerán consigo la manera de escapar,
llámame de nuevo,
que inventaré cualquier excusa ante las arañas,
les diré que paren de tejer sus confusas casas,
acércate a la puerta mi niña hermosa,
no soy quien dibuja espirales en los muros.

-José David León Rodríguez-

El viaje del hombre ideal

Los árboles lanzaban sus tentáculos hacia el cielo, gran záfiro vacío. Las arañas corrían entre las esquinas ocultas de cada una de las ramas y raíces. La tierra molida bajo enormes portones formados por los pies de los troncos; la idea de tocarlas era simplemente escalofriante. En ocasiones se solía confundir a una de dichas plantas con un ser de varias extremidades inferiores con dificultades para mantenerse en pie. Una canoa irrumpía el llorar de los bichos, el compás dado por quien remaba tornaba dicho lamento a una orquesta lóbrega y abandonada en medio de un hóstil y abandonado ambiente. El pantano, materialización natural del olvido, se chocaba con los ojos de un estupendo aventurero de sentimientos duros, alma de roca, valentía de David y cuán más cualidades pudiese tener un auténtico explorador. Levantaba la vista, miraba a la deriva, sin miedo a encontrarse en algún rincón con alguna criatura desconocida, acompañado únicamente de su propio espíritu; el explorador daba un tributo en silencio a todos aquellos que en algún tiempo descubrieron tierras nuevas y escribieron los mapas.

Lentamente avanzaba sobre el manto de agua, tranquilo era el marcar del compás, con casco de viajero el maestro de la batuta no tenía intención de recordar el ritmo que causaba. Por el contrario, la espalda un poco arqueada y el pecho pronunciado denotaban una búsqueda de algo mucho más minucioso que la música de la naturaleza. Lejos podría ser una palabra que describiera el origen del navegante, pero no venía de lejos ni de cerca, ni de allá ni de acá, era amante de las rutas y provenía de cada grano de polvo de los caminos cruzados. Buscaba en dicho lugar, algún rastro de un resto de su propia alma. La vista se mueve repentinamente ante el sonido que interrumpe la obra inconsciente, no era el llanto de un grillo o algún bicho, un extraño movimiento puede divisarse ante la bruma que está en la lejanía. La sombra de un algo se refleja claramente sobre el manto blanco que sale del agua fría, buen explorador que controla sensaciones, se acerca lentamente sin dejar notar algún gesto de sobresalto; es tranquilo y pasivo, pues no quiere dejar escapar lo que ha encontrado. 

Sigilosamente se acerca al lugar donde el ruido y la sombra se combinan en un mismo ser. 

Quién no tiene espíritu de aventurero, podría decirse que ha dejado de ser humano. Hacía unos cuantos meses, un hombre de saco gris y corbata bien ajustada, convivía con su esposa e hijos felizmente en una casa con buen trabajo y buen salario. Los estudios prometían una estabilidad económica para su pequeño equipo, su pequeña organización, los estudios afirmaban con seguridad la fidelidad de una mujer, quizás hasta el mismo punto de la terrible sumisión, los estudios...los estudios. Un hombre de horario demasiado apretado, agenda con pocas oportunidades para observar el záfiro vacío del cielo. Aplicando fuertemente sus cálculos y análisis se acreditaba a su trabajo algunos títulos de pregrado, posgrados y doctorados. Los algoritmos estaban acomodados a la perfección, los procedimientos se habían plasmado en su mente de ejecutivo. El hombre ideal. En una de esas tantas noches de trabajo duro, eran quizás las 12 o 3 de la mañana, agotada la mente de tanto pensar y estar encasillada; aprovechó que los ojos estaban cerrados y tomó el poder de la rebelión. Un hombre ideal, en una cama ideal, en la casa ideal, con la mujer ideal, con todo en esta vida ideal quedo a la deriva de la imaginación, que jamás será o no será ideal. La mente reclamaba su terreno ante sus horrorosos mapas mentales impuestos por estudios, calificaciones y estatus social. Se desplegaron los ejércitos, angeles y demonios, duendes y personajes de cuentos de niñez; rompieron paradigmas y maneras de proceder. La luz y el reloj se paralizaron dicha noche, el amanecer fue eterno. Las mismas moscas se inmovilizaron en el mismo acto de succión de la sangre de sus venas secas. 

Un diagnóstico de la forma, el distinguir las extremidades y lugar de otras partes darían como resultado que la sospecha era cierta. Se podría entonces desenvainar el otro rol de un aventurero, su parte sangrienta, su poder de juzgar lo desconocido y acometer contra él sin piedad alguna. La niebla se disipó dando paso a la pequeña embarcación; la sombra desnudó a una mujer con rosas blancas en su cabeza, una enorme bata y ojos cerrados. Pies descalzos posados sobre el pantano; las arañabas tejían sus casas sobre los dedos de sus pies; ancianas de gran técnica explicando a la doncella sus dotes de costura, haciendo que el manto que la cubría pudiese ser cada vez más largo. Con cuchillo en mano y el gorro de aventurero cayendo al agua, hundiéndose en su espesura, hombre y mujer quedaron paralizados como un monumento que muestra la traición hacia la belleza. 

La corbata parecía estar demasiado ajustada esa noche, ¿pero qué digo? si era de noche y nadie usa corbata al dormir. Así lo sentía quien daba vueltas sobre la cama, sus algoritmos se resquebrajaban lentamente; la cabeza se ponía más caliente y la sangre palpitaba en la sién como si fuese un remo rozando la superficie de un río. Todas las reglas se rompían, pronto el hombre despertaba con su cuerpo helado y un pensamiento terrible de haber superado todo lo que se le había enseñado por vida. Con el miedo a morir, desde su cabeza salió una orden hacia su mano, pedirle ayuda a su amada quien estaba junto a él; la mano accedió. Se desprendió del brazo, se colocó un gorro de aventurero; esta vez era algo así como uno para invierno. Una chaqueta cubría sus cinco dedos, comenzó a caminar hacia una gran montaña que se divisaba a lo lejos. La ruta era sencilla pero se debía cruzar una enorme ventisca que pasaba a lo largo de la cama; colocar una bandera sobre el hombro de una amada era el objetivo. En un principio se retrocedió varias veces obligada por el mismo viento frío; fue complicado hallar el patrón para poder esquivar las corrientes fuertes de aire, caminando sobre la sábana blanca se llegó a la base de la montaña. A partir de ahora era necesario hacer uso de los instrumentos para escalar, demostrando una grandiosa habilidad de supervivencia se hizo con un arnés y una cuerda improvisada en menos de diez ; la odisea comenzaba, demonios podrían acudir a la montaña y safarle alguno de sus anclajes, no habría ánimos para una segunda oportunidad, la mano sobre la sábana retornaría a las pesadillas y la mente quien le había dado órdenes olvidaría su mensaje desesperado al amanecer. 

Otra sombra parecía dibujarse junto a la doncella que llevaba rosas blancas sobre su cabeza, una mano que pretendía interrumpir el ataque. Justo antes que el cuchillo pudiese llegar siquiera a cortar el aire de la hermosa dama, una rama con cinco uñas largas apretó fuertemente la extremidad del asesino; el ataque cayó al pantano, el cuchillo fue tomado por las arañas quienes pudieron devorarlo con su veneno. No era el filo suficiente, no era la agilidad suficiente. La destreza y el ímpetu quedaron atrás, no se podía ser pasivo ante el fracaso; no existían otras armas para defenderse. Un giro rápido del reloj concluyó con un hombre atemorizado en una canoa y una sombra, que se hacía cada vez más grande, aparecía detrás de la doncella. La mujer abrió sus dulces ojos, mas cuando terminó de abrirlos el hombre había sido atravesado en su boca por una enorme rama. Quizás lo desconocido había sido más paciente, quizás quien era explorador no se había movido ni un sólo momento ni tenía la mirada confiada, quizás las cosas que nos rodean no necesitan ver para querer y poder espiar. La sangre siguió las irregularidades del tallo, subiendo en curvas por la rama homicida se colgó frente a la mujer de la cabeza llena de rosas blancas, pudo darles el color distinguido de su pasión.

Por otra parte la mano había sido empujada por una fuerte ráfaga de viento, se había traicionado a la belleza de los sueños y ahora era el precio justo. Dicho sujeto lleno de paradigmas con su mente consumida por sus propios sueños no pudo llevar a cabo un procedimiento de asesinato ni haciendo uso de sus mejores cuchillos de conocimiento. Sus sueños, hermosos y dibujados en un tranquilo lugar le habían asesinado, había sido incrédulo ante ellos y esa era su manera de pagarlo. Amaneció y el sol dio a sus ojos, las pestañas abiertas podían evidenciar unas pupilas con un color mucho más oscuro. Ante muchos podrían ser los mismos ojos, idénticos a los que tenía cuando nació.

Mas la realidad era que su mano quien rogaba por ayuda había muerto intentando subir el tronco de su amada; siguiendo las órdenes de una mente traicionera que ahora yacía difunta en el fondo de un pantano espeso junto a un remo desvencijado de ideas impropias y una imagen denigrada de una canoa resquebrajada que ponía en uno de sus costados "El viaje del hombre ideal".

-José David León Rodríguez-

miércoles, 8 de enero de 2014

La desdicha del señor Frank

I: El Buen Hombre Avaro.


Elegante y de buen talante, el señor Frank con sus buenos ropajes anda todos los días por la plaza. Compra todo lo que se le viene a su gusto, aún si fuese innecesario. Desde comidas finas con sabores incomprendidos, hasta artefactos extraños cuyo uso es desconocido; no era más de esperar del hombre más poderoso de la ciudad, dueño de la fábrica de carbón. Como una oda a su negocio, Frank siempre llevaba un tabaco cubano en la boca. Iba caminando por la plaza de mercado, de nuevo digo, en su día de compras; con un smoking de color caqui, pantalones también del mismo color, corbata negra y camiseta blanca, la tradicional vestimenta de alguien de poder, su maletín tan aferrado a su mano que casi es parte de su cuerpo, una ceja de curva peligrosa que desafiaba a quien tuviera el atrevimiento de mirarle a los ojos. Como algo usual en la mayoría de los ricos, el señor Frank tenía sentimientos únicamente para sus negocios, había olvidado todo tipo de humanidad para con las personas que no significaban ninguna ganancia; solía ser amable en su junta directiva o con los inversionistas de su fábrica. Mas ahora, estaba en el mercado, simples plebeyos de grotezcas prendas, malos gustos, pésimo vocabulario, era una escoria necesaria para él. Compró sus alimentos haciendo uso de su espléndida arrogancia y se dispuso a regresar a casa.

Su casa, ¡Vaya casa!, la envidia más grande de cualquier habitante, con tres alas divididas, tres pisos de altura, cada uno contaba con baños lujosos y muchas, demasiadas puertas. Su patio era enorme, encerraba un bosque que asediaba la casa; era como si la madre naturaleza se arrodillara ante la suntuosidad de su vivienda. Las rejas oxidadas dieron paso a su limosina, llantas con rines de plata, color blanco, un motor prodigioso y celoso que no aceptaba cualquier tipo de gasolina barata; las llanas se deslizaron con el fango de la calle para emprender el viaje dentro de su bosque. Era tan gigante aquel lugar, que desde la entrada de la reja hasta la puerta de su casa se tardaba el chofer unos 10 minutos en llegar. Con sus zapatos de cuero pisó el suelo, un suelo que si pudiese hablar daría poesías de cuánta gente importante le ha maltratado. Abrió la puerta, atravezó el pequeño patio que separa a las 3 alas, traspasó el umbral de otra puerta y subió las escaleras; toda una locura de un hombre poderoso, un patio pequeño encerrado en un bosque por unas cuantas paredes, algo parecido a una jaula dentro de otra. El sol bendijo en esa mañana su estudio, donde el hombre, tacaño y avaro emprendía la labor que le mantenía rico. Inversiones, relaciones internacionales, decisiones y división de recursos. Era necesario ser demasiado cuidadoso para que todo girara como debía; bajo el sol matutino abrió los periódicos, todo demostraba una buena situación para su futuro. Tenía la manía de decirse a sí mismo "Mientras me quede un tabaco, tendré más carbón, mientras más carbón, tendré más dinero"; una superstición que calmaba su alma, puesto que era casi redonda, al tener dinero, podría comprar más tabaco y así se puede deducir que tendría dinero. Dejose caer sobre un asiento, descansó su espalda y frotó sus manos; se acaba el primer tabaco del día, era necesario encender otro, de su bolsillo hizo asomar la caja entera, sacó un cortador de otro, y un encendedor. Todo con una sincronía asombrosa, era un experto en los gajes de su vicio, en menos de unos cuantos segundos tenía encendido su tabaco. Alguien timbró al teléfono, era Rocio, su fiel secretaria; un imprevisto había acabado con el descanso del señor Frank.

II: Problemas Modernos.

Excedió en varias ocasiones la velocidad luego de la llamada de Rocio. Era algo gravísimo, lo ameritaba, uno de los inversionistas en su empresa había cambiado de opinión; quería que le devolvieran su dinero a toda costa y estaba histérico en la oficina del señor Frank. Sin ese dinero, la empresa perdería unas cuántas monedas de retorno de inversión; unas cuántas monedas significaban demasiado para el señor Frank. Llegó a su oficina sudando por la agitación, el hombre manoteaba al lado de su secretaria, casi parecía que iba a pegarle; el señor Frank dio la vuelta por un segundo y aspiró una enorme bocanada de humo, pronto el efecto llegó a su frenético cerebro calmando su ritmo de entrada.

-Buen día señor Leonidas- dijo, irrumpiendo la confusión de palabras que se había desencadenado entre la secretaria y el inversionista. 

-No son muy buenos para mí, señor Frank, sé que esto le molestará; pero es necesario que me devuelva el dinero. La explicación es breve, sin ese dinero quedaré en la ruina, lo necesito inmediatamente- 

La ceja encorvada y desafiente, tornose sumisa y mansa bajo las acusaciones del inversionista. Parecía en efecto que nada iba a convencerle de cambiar de opinión. Sin embargo, el señor Frank sabía cómo persuadir. Uno de los tantos talentos que tiene la gente adinerada. 

-Por favor, siéntese un segundo señor Leonidas, y cuénteme en detalle qué fue lo que le ocurrió-

Negado en un principio, el señor Leoindas quería guardarse sus pesares monterios para sí mismo, con la finalidad de no desenmascarar un hombre completamente diferente a quien era. Su orgullo se vio aplastado por las insistencias del señor Frank, su mente se vio atrofiada por un absurdo agurmento; el señor Frank insistió y convenció a Leonidas de no retirar su dinero puesto que si lo hacía, podría quedar peor de lo que estaba. Con la justificación de los intereses y el retorno a la inversión, Frank venció cualquier argumento del inversionista y además le ofreció su ayuda dándole dinero prestado. No era mucha la ayuda que se daba, hablando de dinero, siempre que se presta es peor el mal que se hace; un mal que el sistema hizo necesario. Aprovechando el sistema de préstamos establecido por el monstruo invisible, el sistema, Leonidas se fue contento de la oficina; con un cheque firmado en su bolsillo. Regresaría a casa con dinero. 

Un simple niño llorón, decía en su mente el señor Frank, alguien que no sabe invertir, que no está hecho para estas situaciones, que no sabe mantener la calma; el señor Frank estaba seguro que nada en la vida podría hacerle perder la compostura, siempre que tuviera en sus pulmones una gran bocanada de tabaco. La tarde comenzaba y el estómago de Frank también era ambicioso, por lo menos con el almuerzo, puesto que eran la 1 en punto de la tarde. De nuevo en su coche hacia la casa, donde esquisitos manjares estarían posados sobre su mesa; solo comería esa tarde pues su familia llevaba un par de semanas disfrutando de unas merecidas vacaciones, "solo" es mejor decir, debido a que todos los criados se encontraban en casa sin embargo para el hombre poderoso y rico, alguien que no tenga dinero además de no significar mucho, pasa a ser un fantasma; fantasmas de los que cuentan en las historias de terror aquellos que hablan y nadie escucha, aquellos que siempre llevan un dolor a sus espaldas.

Sobre la mesa larga donde se extendía el mantel más largo que he visto en mi vida, posaban platos de todo tipo de regiones; todos los tipos de carnes, sasonadas cada una con la mano del mejor Chef de la ciudad. Mas el señor Frank no comía de todo aquello, su derroche de poder era inimaginable, comía únicamente la mitad de un plato que él escogía a su propio gusto; lo demás era tirado a los criados y aún siendo así no era suficiente para arrasarlo con todo; lo que sobraba de las sobras de los criados era dada a los perros guardianes. Comiendo lo que acostumbraba, Frank se paró de la mesa y se dispuso a ir a su habitación, recostarse sobre un colchón similar a una nube y darse un rato para su siesta. No pensaba ir más a la fábrica ese día. 

III: Analogía Del Tabaco Y Las Minas De Carbón.

El señor Frank quedose dormido en poco tiempo. Los sueños son poesías....

"El humo de mi boca, 
espejo de mis ganancias, 
la ceniza que cae, las guerras ganadas;
batallo contra ejercitos, 
de colores negros,
son tinieblas inefables 
de un misterioso cuento.

Les revelo la luz, a cada uno de ellos
me agradecen bien, 
me dan dinero;
quienes batallan conmigo poco serán recordados,
pues más importante capitan que soldado no mandado.

Quema el tabaco,
que posa sobre mi boca,
como soldado que quema
su energía con la roca."

Al tiempo despierta el señor Frank, dándose de cuenta que era la hora justa para comer; bajo para de nuevo encontrarse con su manjar, comió lo que debía y subió a su cuarto. No quería hacer más ese día. Busco en su bolsillo, otro de los tantos tabacos, alguno fumó antes de cenar, pero no los he mencionado hasta ahora. Este tiene algo en particular, su ausencia; el señor Frank podría haber jurado que tenía en su smoking un tabaco más que le pudiera dar el descanso, se había equivocado. 

IV: Problemas Más Que Modernos. 

Al no tener tabaco en su bolsillo, las cejas del señor Frank dibujaron una angustia en su frente. Hacía mucho que no se quedaba sin un solo tabaco, hacía mucho que no sufría la necesidad tan indescriptible de no tener un vicio. En primer lugar su superstición le había traicionado, se había volcado contra él una paranóica idea; si no tenía tabaco era que no tenía suficiente dinero; al menos eso pensaba una persona ambiciosa y cegada como él, cualquier otro hubiese creído que era un simple descuido. Mas aquella superstición que torturaba la mente del señor más poderoso de la ciudad se tornó más hacia el miedo cuando observó la túnica negra de un hombre que se encontraba mirando hacia la ventana y fumando de su preciado tabaco. 

-¿Cómo carajos entró aquí? llamaré a los guardas de seguridad- gritó el señor Frank con la intención de ser escuchado. El hombre que vestía de negro justo a la hora del crepúsculo, pareció inmutable ante las amenazas del señor Frank. 

Frank irritado emprendió su búsqueda de ayuda, pero fácilmente se vio bloqueado por el manojo frío de la puerta que se había negado en cumplir su tarea. Intentó tirarla a puñetazos pero fue algo inútil; el hombre de la ventana seguía fumando de su tabaco lentamente, Frank lo observó por un instante...acogido por un sentimiento inexplicable se desplomó en el suelo y se arrastró como cucaracha hacia los pies del hombre misterioso. Imploró, la persona más poderosa de la ciudad, a que le diera una bocanada de su tabaco. Era ilógico que algo así estuviese ocurriéndole a quien tenía más poder en toda la ciudad, de repente Frank se dio cuenta que la bocanada de tabaco era lo que menos debería preocuparse. Sitió dos golpes fuertes en el pecho; una sombría sensación agarró sus pies, subió a su espalda y se desencadenó en su cabeza como un fuerte choque eléctrico. Le dejó en blanco y totalmente desgarrado; se veía a él mismo como el escritor del final de un libro, como quien hacía la última nota de una canción, o el actor que agradece antes que el telón se cierre. Toda obra de arte que se pueda relacionar con la vida, eran los finales que se presentaban ante el señor Frank. Ahora tenía sentido; quien fumaba su tabaco le estaba dando el privilegio o la maldición de morir. Ni todo su dinero, ni todas las personas que se encontraban bajo sus zapatos de cuero habrían siquiera sospechado que el tabaco había afectado el corazón del señor Frank. Simplemente le encontraron muerto, de infarto. Como en su vida, sus familiares, que aún poseían todo su dinero; se tomaron la molestia de hacer que el día de defunción fuese recordado por todos, llenaron la boca del señor Frank de las mayores ternuras y estupideces que se pudieran imaginar. Usaron su boca después de muerto para hacerle pasar por la mejor persona que había pisado la ciudad; cambiaron la historia para las generaciones futuras enterrándolo con una estatua de plata en cuya grabación aparecía "Progreso". La desdicha del señor Frank, fue haber sido querido después de muerto. 

V: Esclavo Del Silencio. 

Como todo hombre poderoso acostumbrado a los lujos, el señor Frank no estaba preparado para morir. Recuerda bien el viento que vio su deceso cómo se retorció solo en el suelo, mientras aparecían moretones puesto que se golpeaba con las patas de sus inmuebles; hasta sus mismos objetos pudieron pisotearle justo en el momento de morir. Ajeno a toda adoración se mantuvo el señor Frank, luego de morir despertose en una barca con el hombre que había robado su tabaco; en silencio permanecieron ambos, el de la túnica tal vez porque sabía que no tenía nada por agregar, el hombre rico porque se encontraba incapaz de hacerlo. Mas la desesperación no era parte de sus sentidos, se le había arrebatado; estuvo sentado en la barca donde se acercaron a una enorme puerta lujosa; alrededor de ella estaban muchos reyes que peleaban en parejas por una corona, carecían completamente de carne; eran los puros huesos quienes incoscientemente quitaban la corona de la cabeza de su compañero para luego colocarsela, el compañero respondía de la misma manera. Al atrevesar el umbral se escucharon trompetas de bienvenida, los mismos reyes que peleaban cesaron su riña para dar un gran aplauso. El señor Frank despertó en el cojín de su asiento de estudio, sin embargo, aquella espuma que algún día le había otorgado confort era ahora una laguna de espuma; no se lo explicaba, nadie podría creer que algo solido o medianamente solido como la espuma pudiera tornarse en algo líquido, Frank se estaba ahogando en aquella laguna; sin siquiera desesperarse se paró de su sillón para observar que se encontraba en un cuarto enorme con una alfombra roja en el suelo. Las paredes no podían visualizarse, se podía deducir por eso mismo que el cuarto era más grande de lo normal, una pequeña bombilla alumbraba la alfombra, el sillón y un armario desvencijado. 

Del armario se escucharon voces burlezcas de varias mujeres, entonces desde allí salió una criada muy atractiva completamente desnuda, tenía en sus senos tatuado los ojos de un felino; los sentimientos volvieron al alma de Frank, se sintió cautivado por los ojos de felino, más incluso por los buenos senos que tenía la criada. Acercándose a él con una botella de coñac en la mano y una copa en la otra, le ofreció un trago. Frank se negó a recibirla. La criada echó una carcajada de larga duración, rompió el silencio diciéndole: 

-¿Qué te pasa mi buen amigo de poder? te he dado mi hospitalidad y mi atención, mi cuerpo de buena mujer está ante tu vista; soy caritativa como para que me niegues un simple trago-

Frank se volvió a negar; estaba confundido, quizás no sabía que estaba muerto. La mujer continuó con su conversación: 

-Deberías beber un poco, dormir, quedarás a partir de ahora en un eterno letargo. Hagas lo que hagas hay una fuerza que te impide estar despierto- Dijo la mujer cruzando al lado de Frank y sentándose en el sillón sin siquiera ser absorvida por éste, parecía de nuevo haber recuperado su estado sólido. -Puedes tenerme aquí mismo, te doy mi cuerpo hombre poderoso, te doy mis ojos como si fueran una comunión; puedes tenerme aquí mismo, deshacer mi carne con tus garras, estrangularme es una buena alternativa si es que acaso eso mejora nuestra diversión-

Había algo en la criada que asustaba mucho a Frank, si, eran sus ojos de felino que se asomaban sobre sus senos. Aunque auténticamente se podía denotar que era un tatuaje, Frank sospechada por la irrealidad de las cosas que una bestia podería emerger del cuerpo de aquella mujer y podría devorarlo en menos de un instante. Se alejó de la mujer corriendo hacia los rincones oscuros del cuerto, sus sospechas fueron ciertas al escuchar que una pantera rugía a sus espaldas, por un momento creyó que le iba a alcanzar pero no fue así. Irónicamente su bolsillo aún tenía el encendedor de tabacos, apoyado en una pared decidió enceder la luz. 

VI: La Celda Y El Prisionero.

Cuando la luz pudo darse su espacio entre las sombras se desató una alucinación quizás peor que la anterior. Frank se encontraba al frente de una celda de barrotes oxidados cuyo fondo no se podía visualizar; sólo se escuchaban los susurros de alguien que habitaba allí dentro, al acercarse a iluminar el fondo de la celda una luz fue encendida desde adentro y unas manos sujetaron fuertemente sus pies. Las mangas de las manos vestían el smoking del día de muerte de Frank, logró soltarse rápidamente de la aprehensión. La luz del fondo iluminó gran parte de la celda para desenmascarar la horenda imagen del mismo Frank apoyado de cabeza, los pies aparentemente habían encendido la antorcha que se encontraba en la pared, con las manos había sujetado a su víctima; Frank se vio a sí mismo reflejado en una celda agonizante, en mala posición y con todo su alrededor rodeado del mismo mugre que tanto criticaba de los plebeyos. De su vientre chorreaba algo parecido a la sangre mas lo hacía sin siquiera haber alguna herida cercana; las paredes, todas estaban llenas de mensajes que aludían su adicción al tabaco, algunos de ellos escritos en otros idiomas pero en su mayoría comprensibles. El prisionero, o la copia de Frank, expresaba en aquellos mensajes el placer y la culpa que le daba el fumar un tabaco. 

-Dame, dame un tabaco, amigo- Dijo la copia de Frank, con su cabeza que miraba de forma sumisa hacia los ojos del verdadero personaje, la cabeza se encontraba en la posición de sus hombros. Es decir, estaba doblado hacía atrás, apoyando sus manos en el suelo y sus pies en la pared. 

Frank se negó a hacerlo de nuevo. El hombre de posición incomoda volvió a rogarselo hasta el punto que se hizo fastidioso. Frank había caído en la misma persuación que había utilizado para convencer a las personas, puesto que el prisionero le convenció de darle un cigarrillo. Sacó de su bolsillo el tabaco y se lo arrojó a la cara, la antorcha se apagó por un segundo y cuando volvió a encenderse el prisionero estaba gozando de su tabaco. Lo fumó de forma acelerada, no duró siquiera diez minutos en consumirlo, todo un record para alguien que consume tabaco. Al terminarlo tomó una pluma vieja que se encontraba a su lado y escribió un nuevo mensaje: "El hombre bueno y avaro, tuvo problemas moderno, fue un esclavo del silencio y me dio un buen tabaco. Ya no es tan bueno." al terminar de escribir le dijo a Frank que se fuese. Asustado por la escena nuestro personaje retrocedió unos cuantos pasos para escuchar el rugido de la pantera, que le hizo de nuevo moverse hacia delante. Desesperado, le rogó al prisionero que le dejara estar en su celda para sentirse cómodo. 

-¿Cómodo? ¿Está usted loco? la celda no me permite estar cómodo, me obliga a situarme de maneras incómodas para hacerle reír, me obliga a escribirle chistes en sus paredes. ¿Cree usted que yo escribiría tales cosas sin sentido? la celda quiere reírse de mi sufrimiento. Váyase, estoy seguro que no quiere dos bufones- 

El original se quedó observando por un instante, dudando de la cordura de su copia, dudando de siquiera el conocimiento que su copia tenía sobre el verdadero. Parecía en su actitud haber cambiado completamente, eran la misma cara, el mismo cuerpo, la misma carne y sangre pero a su vez no eran la misma persona. El silencio fue interrumpido por la risa de las rejas, pudo visualizar en ellas la sonrisa más diabólica que se había contemplado, sus dientes negros eran el oxido de las barras que le separaban del prisionero. Su boca sucia expedía ese olor a rancio y todas las suciedades que daban esa asquerosa cloaca. Sin importarle la pantera Frank salió corriendo hacia otro rincón diferente para encontrarse con que había un interruptor. Sin pensarlo dos veces le encendió, la sorpresa que se llevaría sería mucho más impactante para él que las dos primeras visiones. 

VII: La Revelación. 

 Atónito, esa es la única palabra que puede describir la sensación del señor Frank cuando se dio cuenta que el lugar donde estaba era su propia casa. Había sin embargo algo diferente en ella, en vez de cuartos habían muchas celdas y cavernas de donde se extraía el carbón; en el centro se podía ver a la mujer durmiendo, cansada por una persecución fallida, las manos de la celda de donde provenía se escondieron. El prisionero gritó, la pantera se despertó, regresó a su armario con su botella de coñac. Frank tardó en recuperarse del impacto de saber que estaba en su propia casa, ¿dónde estaban sus criados? no había nadie que pudiese verlo o saber de su existencia. Además de la pantera escondida en el armario, con facha de mujer, y del prisionero copia de sí mismo se escuchaban obreros trabajando en las minas de carbón. Desesperado por saber qué ocurría subió las escaleras al segundo piso donde tropezó con un trozo de carbón. Sin boca ni ningún otro organo humano, se escuchó una voz que provenía del fondo del carbón. 

-Ni soy tinieblas, ni sos un guerrero, eres más que un cobarde que huye de la pantera negra y de sí mismo. No sois capitan de grandes ejercitos, ni nadie te paga por tu valentía; eres un cerdo podrido capitalista, aprovechado de las circunstancias del mundo actual, de las estrategias y estafas del sistema. No hay guerra, ni soy enemigo, ni tampoco tienes un solo tabaco en el bolsillo- Terminó su conversación el pedazo de carbón con una risa sigilosa casi inaudible. 

Una lágrima se deslizó por la mejilla de nuestro personaje. Por fin, alguien en su vida, quiero decir muerte, había sido capaz de decirle las cosas como eran. Su avaricia, su orgullo, su ceja encorvada y desafiante no pudieron hacer nada contra tan letal argumento. Frank se echó al suelo acompañado de aquel carbón, la luz se apagó y todo a la vista se nubló. Nuestro personaje estaba dispuesto a pagar la condena de quizás un dios o peor aún, la condena que él mismo había preparado para su muerte. 

Los pianos retumbaron en los oídos de los habitantes que acompañaron la celebración funebre hasta el cementerio, algunos se dejaron llevar por los mensajes inventados y las melodías que no daban lugar para recordar aquel bastardo. Johan Bach fue el culpable que todos se sintieran un poco apesadumbrados; no era el mejor hombre de la ciudad pero aún así todos estaban llorando. Los gusanos se darían el mejor de los manjares al probar una carne que devoraba todos los días comidas de otras regiones. Apostaría que uno de esos gusanos comería un buen trozo de caviar o un buen trago de vino. Las personas que estaban allí afuera ignoraban la desdicha del señor Frank, sus pesadillas, su condena, se empeñaban en creer que estaba en un lugar bendito para los avaros, donde una vida intranquila y llena de insolencias le daría a ese hombre rencoroso el premio por haber sido así, el cielo le llaman en algunas religiones, nadie en el mundo se atreve a pensar que alguien puede ir al infierno aún así sea el más despiadado hombre que haya pisado la tierra. La falsedad funebre terminó y la fábrica fue divida entre los diferentes inversionistas. El imperio que alguna vez había tenido nuestro personaje se limitó a la calidad madedera de un ataúd. 

Entre la oscuridad nuestro personaje escuchó la voz del pequeño trozo de carbón, quien le propuso un trato que le sacaría de su propia casa tenebrosa. 

VIII: La Muerte No Es El Fin. 

Despertó de nuevo Frank, ahora bajo otro nombre mucho más inusitado para una persona de alto talante. Resulta que ahora se llamaba Alberto y en su mano tenía un pequeño trozo de carbón que había acabado de picar; con la necesidad de hambre en su estómago y muy cansado se dispuso de nuevo a levantar una herramienta que llevaba a su lado para arrancar de la piedra más carbón. En medio de su trabajo y olvidando poco a poco su mansión, su fábrica, su imperio, llegó un hombre de smoking cuyo color era el caqui. El hombre le miró con una ceja encorvada y desafiante, estuvo a punto de gritarle hasta que alguien le defendió. Quien vestía de smoking amenazó con expulsarlo de sus minas de carbón, dio la espalda y se fue, Alberto sintió la necesidad de ser como aquel hombre; sintió dentro de sí como un fuego ardía y le recordaban sentimientos de poderío antiguo. Pensó para sus adentros que era todo una farsedad, un engaño de la mente. 

Frank salió de nuevo de la mina de carbón, después de haber amenazado a uno de sus empleados. No había regresado de la muerte de ninguna manera, no había tenido ningún paro cardíaco, seguía siendo el mismo hombre engreído. Quiero decir, seguía siendo el mismo hombre adinerado y poderoso, pero a su vez el mismo hombre miserable que trabajaba en las minas y se ensuciaba con carbón. No había guerra, no había soldado ni capitan, no habían tinieblas en tal material preciado. Lo único que se puede deducir, es que esclavos y dueño eran el mismo Frank. 

"Los sueños son poesías..."

                                                                                  -José David León Rodríguez- 


    

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