domingo, 25 de mayo de 2014

El misterioso aire de un domingo

Dos ojos espiando por el balcón, miran hacia la calle a los transeuntes pasar en medio de un día lluvioso. Al fondo grandes relámpagos que centellean a la tierra, veloces y sagaces en su trayectoría; descargan su ira como si tuvieran en sus manos enormes cuchillos. 

Los ojos se ocultan detrás de la tenue cortina que hace parecer al exterior mucho más oscuro de lo que está. Revisan la habitación lentamente, paredes blancas con cuadros de paisajes alrededor; el ambiente descrito por las pinturas poco se acomoda al sentimiento de quien mira. Con pasos agotados, cansados de rutina; se dirige de nuevo al espejo a observar su rostro detenidamente. No hay arrugas en su frente, mas se siente como si las tuviera; sus manos aún no sufren la dureza del pasar de los años, mas están cansadas de trabajar tanto; sus dientes no son amarillos, mas los siente mugrosos. Una película de inspiración vacía que no busca explicar algún transfondo filosófico, una temática tan negra que carece de todo sentimiento; miradas pérdidas en la ventana y el espejo. En alguna parte del mundo alguien debe escribir una canción para expresar la ausencia. ¿Quién podría hacerlo? ha pasado demasiado tiempo viviendo el mismo ciclo de lucidez y locura, manifiesta las palabras ignoradas de un mundo abundante de expresiones corporales que nadie comprende. ¿Para qué existen entonces?

Engañados fácilmente por las palabras, han olvidado que las palabras hasta a los escritores ha abonadonado. Algo sin alguna conexión, un personaje metódico que trastorna toda su realidad; no soy yo. Escribo sobre él. Saliendo de la habitación se encuentra con dos nostálgicos instrumentos, languidos de tristeza ya nadie les puede afinar en la tonalidad necesaria para generar pasión. Hoy hablo de un sentimiento agobiante, de muchos personajes errados, inquietos en este día santificado. Ahogados por la sensación de no existir esperanza de romper el esquema, encerrados sobre el mismo mapa mental que ha esclavizado a la mente humana. La vida.

Engañado, fácilmente por las palabras. He olvidado su poder, quizás imaginando gestos a partir de ellas. Caigo en la fosa de la ilusión, quisiera que alguien se acercara a decirme qué es lo real. La mente mengua con las estaciones, poco tiempo faltará para que los relatos comiencen a perder la cronología y luego serán mierda. Ira, rabia, dolor, engaño, muerte, la consagración final llegará en algún momento. Seré el silencio en ese entonces, quien quiera engañarme sabrá que no existirán más palabras para mí.

Hoy me declaro una víctima, decapitado por El misterioso aire de un domingo.


-José David León Rodríguez-

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